En el pleito entre Andrés Manuel López Obrador, el Presidente más popular de los últimos tiempos y Carlos Loret de Mola, el periodista más influyente del sexenio, lo que está en juego es la credibilidad.
¿A quién le crees, al presidente o al periodista? ¿En verdad se trata de escoger partido y quemar las naves en favor de uno o en contra de otro? ¿Cuáles serán las consecuencias de este pleito?
Antes de responder digamos varias cosas. La primera, quizá la más evidente, en México la libertad de expresión existe; tanta que el reportaje de la casa que habitó el hijo mayor del presidente se publicó y todos los que hemos tenido algo que decir al respecto, incluido el mismo presidente, lo hemos dicho con toda libertad en uno u otro sentido.
Carlos Loret de Mola ejerce su libertad de expresión y Andrés Manuel López Obrador ejerce su derecho de replica. Se dan con todo, a través de los medios a su alcance, particularmente uno en las mañaneras y otros en su portal informativo. Si uno u otro se excede y vulnera derechos de terceros, las leyes mexicanas establecen los mecanismos de sanción y reparación del daño a los que se hagan merecedores.
Respecto al tema de la casa, para mi es simple, el Presidente sencillamente tiene que hacer honor a lo que dijo en su toma de posesión, que él no se hace responsable de las acciones de su esposa, hijos y familiares; que únicamente respondería por su hijo menor de edad. Si hay algo que investigar, que se investigue en México y Estados Unidos; si hay irregularidades o violaciones a alguna ley, que se sancione.
En términos de vida pública, sólo le creo a los hechos y a las evidencias, lo demás son opiniones, todas respetables, por cierto.
Un director de teatro una vez me dijo que la guerra siempre es una tragedia, pero que la política siempre es una comedia. Ver a hombres y mujeres maduros, desesperados por el poder y por la aprobación de la gente, dispuestos a hacer casi cualquier cosa por un voto, la verdad siempre tiene algo de cómico. Así sería el momento que vivimos, si no fuera por los cientos de periodistas y defensores de derechos humanos asesinados; de las miles de víctimas de la violencia del narco y por las lamentables perdidas ocurridas durante la pandemia.
Necesitamos de los mejores políticos y de los mejores periodistas. Así que tanto al presidente como al periodista, hoy enfrascados en un pleito de machos para saber quien puede desprestigiar más al otro, sepan que la credibilidad de ambos sólo es importante para su vanidad, lo que necesitamos es atender las enormes tareas que el país tiene por delante.
La política es de bronce.