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Columnas
Este domingo la consigna silenciosa es la mesura de los asistentes. La capacidad de convocatoria de la Presidenta que está garantizada, lo que sigue marcará el liderazgo de Claudia Sheinbaum, será la búsqueda de diálogo, es decir, la ausencia de consignas agresivas contra el enemigo común: Donald Trump.
De la capacidad de convocatoria de la Presidenta nadie duda, aunque la oposición insista en que se trata de acarreos, sabe perfectamente que no lo es. Habrá que usar la palabra ante los gritos de la locura. Hacer guardar la disciplina en un acto que tiene que ver con una agresión política, económica, social y cultural, requiere de un liderazgo que en este momento no existe en el mundo. De hecho, podría decirse que es inédito.
Se pasará de la consigna electoral, de dique de contención a una derecha fanática y extrema pasará a ser una política de diplomacia con un vecino inestable emocionalmente, pero al que no podemos evitar saludar cada día.
El aprendizaje de la población tendrá que ver con la asimilación de la revolución de las conciencias si es que sucede como está planeado. Desde luego la agresión es intensa y el bombardeo de los medios azuzados por una oposición que adquiere espacios constantemente, son factores que también deberán ser cuestionados con la mesura y la búsqueda de consenso el próximo domingo. Esperemos que esta postura prevalezca, que no haya provocadores de la derecha ni desaciertos en nombre de un nacionalismo que en este momento requiere de encuentros y no de desacuerdos.
Lo que la oposición nacional y la derecha mexicana insistió en llamar polarización e convierte en politización de una sociedad que avanza, a pasos agigantados hacia la práctica política, la cual la oposición todavía no aprende a entender ni a practicar. No son borregos los asistentes como afirmaba la opción conservadora, mucho menos acarreados en busca de un mendrugo de pan como lo acostumbraba el PRI, e la poción política de una sociedad consciente del tiempo que vive que no requiere escándalos ni estridencias.
El progresismo latinoamericano conjugado con el humanismo mexicano producirá fenómenos sociales que dejaría atrás teorías clásicas sobre el comportamiento de las masas y reacciones sociales prefabricadas que tanto repite la derecha cuando no le conviene aceptar sus derrotas.
El llamado tiene que ver con el consenso, el acuerdo entre la mandataria y su población, en busca de una decisión consensuada, que nada tiene que ver con la consigna que ataca la guerra sucia que acostumbra la derecha o la agresividad de los conservadores que muestran en sus discursos parlamentarios cada vez que están frente a un micrófono.
El humanismo es civilidad y así lo deben expresar los asistentes al zócalo. Se trata de un encuentro en busca de decisiones comunes, que beneficien a todos.