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Cada vez más cerca

Cada vez más cerca

Columnas jueves 18 de junio de 2020 - 02:48

Tres personas que conozco perdieron esta semana a un familiar por Covid. Una exestudiante de una escuela a la que solía asistir, también falleció. Conozco al menos a cuatro personas contagiadas y mi vecina hizo una fiesta con al menos 15 invitados en un departamento de 35 metros cuadrados.

¿Qué nos sucede cuando decidimos tirar el aislamiento a la basura? El hartazgo es real. Hay días en que desearía salir a la calle y disfrutar como antes. Entiendo. Pero afuera ahora parece como si nada pasara.

Las mamás de los compañeros de mi sobrino en secundaria están dejando a los chicos salir y juntarse porque “ya no aguantan más”, me contó su madre. El peligro es más alto cuando pensamos que es mejor vivir con riesgo, pero libres; ese falto sentido de libertad nos pone en riesgo a todos. Podrás estar en la calle, pero si contagias o eres asintomático, alguien que sí quiere cuidarse y que es vulnerable, pero que tiene que salir por necesidad, podría perder su vida y eso nos incumbe a todos.

Y es que hay una parte de la población que tiene que salir, que no tiene opción. Son aquellos mexicanos que siempre han sido vulnerables. Que lo eran antes de la pandemia y lo son más ahora. Salir porque es necesario trabajar. Porque si no salen de casa, sus familias no tendrás nada para comer o para suplir sus necesidades.

No hay condiciones en este país para que el gobierno se encargue de apoyarlos. No lo hicieron antes, no lo harán ahora. Lo único que nos toca es cuidarlos. Si no salimos, si nos guardamos los que podemos, ellos estarán en menos riesgo de contagio y con más esperanza de seguir con vida.

Y es que es impensable lo que sucede en las calles, donde la gente trata de volver a la normalidad, de volver a la vida que conocían aunque los contagios no han disminuido ni poco, fluctuamos en una ocupación hospitalaria entre 75 y 80 por ciento y el número de muertes es cada vez más alto.

La fase en la que estamos es la más desastrosa: empezamos a ponerle nombre y cara a las personas que han fallecido por este virus inmundo. La mamá de un amigo, el amigo de un primo, el papá de un compañero de trabajo, el hijo de nuestro vecino. Sabemos quiénes y cómo les afecta y ni siquiera podemos correr a abrazarles.

No soy ni pretendo ser una animadora de nadie. Me preocupa. Me preocupa ver tanta gente caminando en las avenidas. Tanta gente en el parque. Escucho fiestas de los departamentos aledaños al mío. Nadie al menos con cubrebocas. Luego el alcohol relaja a todos y la sana distancia quedó en el olvido.

Necesitamos reinventarnos. El aislamiento debe servir de algo. Es duro, pero real: buscar ayuda, buscar la forma y permanecer en casa mientras se pueda.

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/CR

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