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Claudia Rivera, un mal día para ser candidata

Claudia Rivera, un mal día para ser candidata

Nación viernes 28 de mayo de 2021 - 07:49

Ignacio Juárez Galindo

I
Fue la jornada del descrédito, de la crisis, de la debacle.
Del desesperado intento por negar lo evidente:
La crisis institucional de Morena Puebla.
La rebelión contra las imposiciones.
Los empujones.
Los conatos de bronca.
Un dirigente nacional rebasado.
La rabia.
Una candidatura que debería ser la joya de la corona electoral, pero que es habitada por una alcaldesa con licencia exhibida chantajeando a su exasistente personal para que acepte la forzada disculpa de su amigo Andrés García Viveros por incurrir en hostigamiento sexual y laboral a cambio de otorgarle su confianza y permanencia en la administración municipal.
También fue la jornada del silencio ante el bochornoso escándalo, aplastado por los gritos de repudio de un grupo de militantes.

II
En Puebla creemos que ya hemos visto lo peor.
Cuando la lucha universitaria, las detenciones y muertes, dijimos que peor no podía estar.
Luego vino Piña Olaya y su incapacidad para acallar los gritos de “ratero” que la gente le gritaba en la calle.
Ahí también dijimos que peor no podía ser, pero llegó Bartlett y comprobamos que no era así.
Después apareció Melquiades y creímos que lo malo había llegado a su fin. Y justo a la mitad de su sexenio saltó a la luz un locuaz exyunquista llamado Luis Eduardo del Sagrado Corazón Paredes Moctezuma y se murió la ilusión.
Pero el destino nos tenía guardadas varias sorpresas.
La primera llegó en forma de escándalo internacional con Mario Marín Torres.
Nos volvimos “los preciosos”.
Todos dijimos que eso ya era el extremo.
Elegimos a Moreno Valle y seis años pensamos que teníamos gallo para la presidencia de la República.
Todo caminaba más o menos acorde al plan morenovallista.
Tony Gali se encargó de extender la mentira.
Un fraude nos hundió en meses de incertidumbre política.
Cuando parecía que otra etapa iba a comenzar, el 24 de diciembre de 2018 se murió la primera mujer en llegar a Casa Puebla y el gallo a la presidencia.
La elección de 2109 nos hizo desviar la mirada de lo que ya se cocinaba en las entrañas del primer gobierno municipal de izquierda.
Miguel Barbosa llegó a Casa Aguayo y nos explicó que habíamos vivido en una farsa.
Estupefactos escuchamos la lista de innumerables saqueos y actos de corrupción.
“Pues qué se sintieron estos cabrones”, fue la emblemática frase que describió la vileza del grupo político que murió con la caída de un helicóptero.
Y, bueno, con Barbosa llegando al poder creímos que era tiempo de recomponer todo.
Hasta que un campesino de Wuhan decidió comerse un murciélago y el planeta se postró ante la peor tragedia humanitaria que se tenga memoria.
La pandemia nos encerró, pero también nos hizo ver aquello que habíamos olvidado.
Fue así que entre el recordatorio de nuestra fragilidad, emergió una figura que consiguió convertirse en el peor gobierno municipal de la época reciente.
Cuando creímos que peor no podíamos estar, apareció Claudia Rivera Vivanco.

III
Todo político tiene derecho a aspirar a algo más.
El meollo es que para conseguirlo necesitas una estrategia, un plan.
Claudia Rivera nos dijo en 2018, en plena elección, que tenía un plan. Pero no fue así.
Hoy, a unos meses de que concluya su administración fuimos testigos de la existencia de dos cárteles: el Inmobiliario y el Administrativo. Un gobierno cooptado por un exgobernador. Escándalos de corrupción, excesos y la vulgar forma de utilizar los recursos públicos para intentar mejorar la imagen de una alcaldesa que, desde que inició, ha ocupado los peores lugares en cuanto a su desempeño entre los presidentes municipales más importantes del país.
Los nuevos tiempos nos trajeron la experiencia de vivir una reelección. Algo que no ocurría desde hace más de un siglo.
Claudia Rivera anunció que quería reelegirse y ahí todo se descompuso.
Grupos nacionales metieron las manos en Puebla.
Cinco o seis sujetos plenamente identificados se apropiaron de las candidaturas.
Morena Puebla se convirtió en el estado que más impugnaciones registró a nivel nacional.
La guerra intestina prosiguió y la inexorable crispación y encono se desbordó.
Por eso para Claudia Rivera ayer fue el peor día para ser candidata.
Se fue a dormir con un audioescándalo que despedazó el mito de su feminismo y se levantó para guardar un silencio sepulcral sobre el tema.
Lo que no esperaba es que la visita de Mario Delgado Carrillo, el líder nacional de Morena, se convirtiera en el termómetro de lo evidente.
Y como dije, lo evidente es:
La crisis institucional de Morena Puebla.
La rebelión contra las imposiciones.
Los empujones.
Los conatos de bronca.
Un dirigente nacional rebasado.
La rabia.
Una candidatura que debería ser la joya de la corona electoral…

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A/CR

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