El pesimismo de la oposición en México tiene su origen en las elecciones de 2018, cuyos resultados fueron tan traumáticos que empezaron a actuar como si nunca volvieran a estar en el poder, por lo menos por la vía de las urnas.
Y esta idea concebida por la oposición desde hace tres años y medio, prevalece en la política de la derecha. Con un frente agresivo desde el Congreso y una aparente reconciliación desde la cúpula del PAN, su trasfondo niega coincidencias y anuncia discrepancias. Como si se tratara de ganar tiempo y preparar un golpe de Estado a través de un supuesto fraude electoral o legaloides y antidemocráticos.
En una copia a la mexicana de lo sucedido en Brasil, Bolivia o ahora Perú, a manos de una ultraderecha que se aleja de las runas para acercarse a los nostálgicos golpes de Estado de los años noventa del siglo pasado. Los conservadores siempre añorando el pasado.
De ahí que la idea del INE de posponer la fecha de la consulta para la revocación de mandato, no es sólo para evitar la evidencia de simpatías hacia el presidente de la República, sino que sus resultados reducirían considerablemente el proyecto de fraude electoral programado para 2024. Porque los porcentajes que arroje la consulta no coincidirían con los que preparan para declarar la derrota de Morena dentro de dos años.
Preparan una derrota de Morena que no será coherente con el apoyo que surja de la consulta del próximo abril. La lógica de los números evidenciaría la trampa. En otros tiempos la oposición propondría la consulta, es al revés. Porque más de un presidente del PRI o del PAN hubiera sucumbido ante una revocación de mandato a mitad de su sexenio.
El proyecto de fraude no es nuevo ni es secreto, lo impulsan los damnificados de la 4T, que perdieron mucho de lo que consideran propio con la complicidad de funcionarios públicos. Aquí no hay partidos, ni ideas y menos aún ideologías. Hay intereses.
Lo que mueve a la revocación de mandato en este caso no es hacer sólo historia o crear precedente sino evitar un fraude electoral que no dejarán de intentar. La conducta de la oposición en los diferentes frentes muestra un aparente caos que exhiba ante el mundo un vacío de poder, a través de una doble personalidad que empieza en la diatriba en el Congreso y termina con un hipócrita abrazo en la Segob. En alguna de las posturas puede debe haber coincidencias interpretativas. En toda democracia la oposición de hoy es el poder de mañana.
Los estilos de diálogo entre el PAN y el gobierno, no terminan en un debate de altura, menos aún con una coincidencia parlamentaria, sino en un enfrentamiento más ríspido y sorpresivo.