Ante la cercanía del inicio del proceso electoral concurrente más grande nuestra historia, creo que hay que repasar un trabajo extraordinario reciente de Julio Juárez Gámiz, experto nacional en el tema de debates y democracia.
Juárez es investigador de la UNAM, con licenciatura en psicología en dicha universidad y con maestría y doctorado en Comunicación Política por la Universidad de Sheffield, Inglaterra. Es además, miembro del Sistema Nacional de Investigadores con nivel II.
Su obra, de 2021, se llama Los Debates Electorales en la Democracia contemporánea. Apuntes para analizar su presencia, función y evaluación en las campañas, publicada por el INE, en el marco de una de sus colecciones editoriales llamada Cuadernos de Divulgación de la Cultura Democrática.
En ella, presenta los principales ejes a partir de los cuales pueden ser entendidos y analizados los debates electorales tanto en lo internacional, como en lo nacional e inclusive, lo subnacional.
Afirma que estos eventos son de naturaleza esencialmente comunicacional, sin que puedan ser reducidos a un simple producto “derivado de la vorágine que caracteriza a las campañas electorales.” Del mismo modo, que los sistemas de medios de comunicación y político respectivos y sus características estructurales condicionan claramente la función de los debates, ligada por lo demás a la deliberación y contraste de alternativas programáticas en el plano simbólico.
Presenta una interesante reflexión sobre la supuesta conexión entre el numero de debates y la calidad democrática (no la hay, por supuesto) y determina que la experiencia reciente para señalar que 3 debates podrían ser suficientes para incentivar la deliberación sin saturar al electorado, que sobre todo en el caso mexicano, está por esos días y semanas frente a una cascada de spots de campaña en los términos del modelo constitucional de la materia.
Al estudiar el caso mexicano en particular, Juárez Gámiz, titula el capítulo respectivo de una manera reveladora de nuestra evolución: “De la condescendencia a la innovación”. Del mismo modo hay que resalta el subtítulo de las conclusiones, referido al futuro de nuestros debates electorales: “de lo televisivo a lo digital y de la propaganda a la información”.
Finalmente, al autor informa que los debates son piezas fundamentales para avizorar de mejor manera los patrones de continuidad y cambio en el plano democrático y que su presencia y mejora continua es preferible a su omisión, pero que solo la exigencia social, el compromiso de los medios y la sensibilidad política de los partidos y las y los contendientes pueden garantizar su permanencia y su utilidad.
Gran texto para la coyuntura y para un estudio serio del tema. Hay que darle una pasada. Creo que es necesario.
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