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Democracia y elecciones

Democracia y elecciones

Columnas viernes 16 de octubre de 2020 - 00:58

Por Moisés Vergara

Hablar de democracia es referirse a uno de los conceptos multívocos más polémicos del Derecho y de la ciencia política, el cual ha sido estudiado ampliamente por tirios y troyanos durante el transcurso de la historia.

La democracia de los atenienses o “el gobierno del pueblo”, estaba basada en las decisiones colectivas, tomadas en asambleas ciudadanas donde la mayoría de la población eran esclavos; los representantes se elegían por sorteo considerando únicamente al género masculino y existían escasos mecanismos para controlar al poder. La democracia moderna, por el contrario, encuentra sustento en el ejercicio y potenciación de las libertades cívicas y en el estado de Derecho.

Hoy en día es muy difícil referirse a la “democracia” como un constructo íntegro y estático. Existen una serie de elementos que se van edificando de manera continua, y hacen de este vocablo algo cada vez más amplio y complejo. Se trata entonces de un ejercicio que trastoca toda la correlación de fuerzas de una sociedad y su esquema de toma de decisiones.

Al respecto, vale la pena mencionar el papel de los procesos electorales y los partidos políticos, pues debemos reconocer que no se ha “inventado” una democracia sin partidos, y que las candidaturas independientes deben ser vistas como válvulas de escape o puntos de fuga para ciudadanizar la política y corregir los excesos de la partidocracia.

En este gran escenario que aglutina los procesos electorales, tienen necesariamente que existir también autoridades que hagan valer la legalidad de estos, que velen por su adecuado desarrollo y den certeza a sus resultados.

En consecuencia, para que las elecciones se consideren democráticas, deben reunir ciertas características, entre ellas que sean periódicas, libres, equitativas y auténticas, otorgando la oportunidad a todas las personas de participar en las mismas, pues ello es un derecho consagrado en diversas convenciones y tratados internacionales, así como en los ordenamientos internos aplicables a la materia.

En dicha lógica, para que una democracia realmente funcione, es necesario contar también con autoridades electorales administrativas y jurisdiccionales, verdaderamente profesionales e independientes, que organicen las elecciones y resuelvan los conflictos apegados a la legalidad, pero al mismo tiempo, con sensibilidad política, pues no debemos perder de vista que el objeto central es la lucha por el poder político y la transición pacífica y ordenada de este.

Finalmente, es preciso señalar que, si bien es cierto, la democracia no se limita exclusivamente a las elecciones, pues la transparencia y rendición de cuentas, la organización de la sociedad civil, el respeto a los derechos humanos, entre otros grandes temas, juegan un papel primordial en la configuración de la vida democrática de todo país; también lo es, que de cualquier manera, las elecciones son para la democracia un eje toral y fundamental, mismas que no deben de concebirse como un proceso propio de la autoridad electoral o los partidos políticos, sino como una oportunidad integral de participación de la ciudadanía misma.

Plancha de quite: “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás”. Winston Churchill.

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/CR

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