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EL HIJO DE MANHATTAN

EL HIJO DE MANHATTAN

Columnas lunes 29 de noviembre de 2021 -

El legendario poeta Walt Whitman, quien estableciera el canon de la poesía estadounidense del siglo XIX, con su célebre colección de poemas agrupados en Hojas de hierba, y que fuera ampliamente reconocido por José Martí, Rubén Darío, Pablo Neruda, León Felipe, entre muchos otros bardos hispanoamericanos, nos sorprende con un librito que podría parecer frívolo a simple vista, por el tema que desarrolla.

En efecto, se trata de la Guía para la salud y el entrenamiento masculinos, compuesto por una serie de recetas, consejos y advertencias a los varones para que conserven la salud, la fuerza física, la presencia de ánimo y, como se diría ahora, aumenten su “sex appeal”. La composición de este manual fue producto de una serie de colaboraciones que escribiera Whitman para el periódico The New York Atlas en 1858, dos años antes de que editara el poemario que le daría fama mundial.

Después de Platón, quien hace decir a Sócrates que los poetas son criaturas aladas y ligeras, siempre gravitando en el umbral de lo real y lo descocido, propensos a los delirios y los arrebatos de locura y, por eso mismo, poco dignos de confianza, se ha generalizado esta idea, sin embargo, la imagen del poeta que proyecta Whitman es totalmente ajena a dicha caricatura y, por lo contrario, se trata de un sujeto fuerte, vigoroso, capaz de someterse al entrenamiento físico para mejorar su salud, de acuerdo con la frase de Juvenal: “mens sana in corpore sano”.

Para Whitman, el poeta no es un ser encerrado en algún claustro monacal, en un despacho o, peor aún, en la torre de marfil, como soñaran algunos románticos y parnasianos, se trata, en cambio, de un hombre madrugador, que se baña con agua fría y se restriega la piel hasta que adquiera la tonalidad del bronce, para luego emprender los ejercicios matinales en el gimnasio, a la manera de los deportistas griegos que solía admirar Sócrates, y ahora Whitman, con pasión voyerista.

Con el tono de un coaching moderno, Whitman arenga a los indiferentes “A ti, oficinista, hombre de letras, persona sedentaria, hombre de fortuna, ocioso, te digo… ¡Levántate! ¡El mundo (al que acaso mires con ojos pálidos y asqueados) está lleno de entusiasmo y belleza para ti, si lo abordas con el ánimo adecuado!”

De modo que todos aquellos Lázaros, sometidos a la abulia debido a la pandemia, parecieran tener un principio de redención, si se incorporan y realizan las rutinas de entrenamiento que les recomienda el hijo de Manhattan, ya que él les promete “alcanzar la perfección de sus facultades corporales”, dejar atrás el humor malsano y las debilidades, y asumir “la fuerza hercúlea, la agilidad, la tez despejada (…) una voz risueña, un aire alegre de día y de noche, los ojos brillantes y un espíritu siempre contento.”

Confieso que la lectura de este opúsculo me indujo a releer Hojas de hierba, en lugar de correr al gimnasio.


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