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@onelortiz
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La realidad muchas veces supera la ficción. La novela El Perfume, de Patrick Süskind, inicia con el parto y abandono de un bebé en la basura de una pescadería de un París sucio y decadente. Esta semana, los medios de comunicación y las redes sociales difundieron la noticia del abandono de un recién nacido en Tultitlán, Estado de México, específicamente en Fuentes del Valle, un fraccionamiento creado en los años ochenta que ahora luce deteriorado y sobrepoblado. Un lugar aledaño al pueblo en donde nací.
El bebé está bien, los padres fueron detenidos y la nota roja ha explotado el caso con su habitual morbo. Se sabe que el castigo por abandono de un menor puede ir de uno a cuatro años de prisión. Pero más allá del sensacionalismo, de dar por hecho la supuesta maldad de los jóvenes padres y de concluir con facilidad que el mal habita en ellos, surgen preguntas más profundas y complejas: ¿cuál es la responsabilidad del Estado en el abandono de bebés? ¿Deben estos padres pagar con cárcel o merecen apoyo y rehabilitación? Y lo más importante, ¿qué futuro le espera a ese bebé que se aferró a la vida?
La situación de los niños abandonados en México es crítica. Se estima que más de 29 mil niños, niñas y adolescentes viven en orfanatos o albergues, mientras que cerca de cinco millones de niños mexicanos están en riesgo de perder el cuidado de sus familias debido a la pobreza, las adicciones, la violencia intrafamiliar y problemas judiciales. Estas cifras evidencian una realidad social alarmante: el abandono infantil no es un hecho aislado, sino una consecuencia de condiciones estructurales que no han sido atendidas de manera eficaz por las autoridades.
Las cifras de adopción tampoco son alentadoras. Desde 2014, el año en que más solicitudes de adopción recibió el DIF fue 2022, con 118 solicitudes. Ese mismo año, solo 28 adopciones fueron concluidas. En nueve años, el DIF ha recibido en promedio 60 solicitudes de adopción por año y ha concluido únicamente 13 anualmente. Esto deja en claro que los procesos de adopción son burocráticos, lentos y poco eficientes para ofrecer una alternativa viable a los niños en situación de abandono.
El caso del bebé abandonado en Tultitlán es el reflejo de un problema que nos concierne como sociedad. Si bien los padres deben asumir su responsabilidad, la criminalización no resuelve la raíz del problema. Es urgente replantear las políticas de bienestar infantil, mejorar los sistemas de adopción y fortalecer los programas de apoyo a familias en crisis. De lo contrario, el destino de miles de niños seguirá dependiendo del azar y de un sistema incapaz de brindarles un futuro digno. Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce.