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El culto a Trump

El culto a Trump

Columnas miércoles 03 de marzo de 2021 - 01:38

Pedro Arturo Aguirre

Una horrenda estatua dorada de Trump, verdadero epítome del mal gusto trumpiano (fibra de vidrio recubierta con pintura dorada), envileció la entrada del auditorio donde se celebró la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC). El bodrio representa a Trump vestido de traje y corbata pero con un short con las barras y estrellas, calzando chanclas y sosteniendo en la mano izquierda una varita mágica. Fea y absurda, la “obra” simboliza la idolatría al “becerro de oro”, perfecta metáfora de la situación del Partido Republicano tras la presidencia de Trump, el cual sacrificó su compromiso con sus principios políticos básicos al altar del nuevo fetiche. El conservadurismo, una muy respetable tradición intelectual de elevadas miras, se degradada en la adoración de un gran embustero.

El culto a Trump es una gran noticia para Joe Biden, cuya oposición se muestra rendida a un expresidente quien, a final de cuentas, nunca rebasó el 47 por ciento del voto popular, dejó el cargo con sólo el 39 por ciento de aprobación y ahora tiene una popularidad de apenas el 34 por ciento. Si bien sus seguidores aman con locura al ex presidente, éste es impopular ante el electorado general. Además, las declaraciones de impuestos del magnate pronto serán investigadas a fondo y muchos de sus negocios turbios no tardarán en ser expuestos, así como varios procesos civiles y criminales. Ante esto, el Partido Republicano es rehén de la base trumpiana y aparece carente de unidad, estrategia y de un mensaje coherente sobre cualquier tema que no sean los exabruptos del ex presidente.

Para el psicoterapeuta Steven Hassan, autor de un libro sobre el culto a Trump, éste es un manipulador maestro en las mismas técnicas utilizadas por destacados líderes sectarios, quienes se hicieron famosos erigiendo estructuras piramidales autoritarias con ellos en la cima afirmando tener poder y sabiduría total. Convencen a sus feligreses de estar haciendo el trabajo de Dios, de ser la luz combatiendo a la sombra en la labor de salvar al mundo. No en balde varios grupos evangélicos se han vuelto adictos a Trump y lo creen parte de un “plan maestro” del Señor. “Somos de Dios, el resto del mundo es de Satanás y debemos seguir a nuestros líderes escogidos y conectados con Dios”, es la consigna sectaria. Una visión del mundo en blanco y negro, del todo o nada, de lo bueno contra malo, y un enfoque tergiversado de los hechos dedicado a negar la realidad con el fin último de proteger a ultranza la imagen del líder. Por eso el culto a Trump es una tragedia para Estados Unidos. El Partido Republicano se esta convirtiendo en una peligrosa facción dedicada a la mentira, enemiga de la democracia e incluso potencialmente violenta.


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