Pedro Arturo Aguirre
El líder chino Xi Jinping quiere darle un regalo a India y se trata de un collar de perlas, ni más, ni menos. No es broma. Pekín tiene ambiciosos objetivos geopolíticos a la largo de todo el mundo e India, un serio rival de China en los últimos tiempos, es un obstáculo. Por eso se ha puesto a edificar bases y puertos para proteger sus rutas comerciales, garantizar el abasto de sus cada vez mayores necesidades energéticas y cimentar una hegemonía regional. Estas bases han ido instalándose en los países amigos de China en Asia y forman una cadena (metafóricamente un “collar de perlas”) desde la isla china de Hainan hasta el mar Rojo. Las principales “perlas” construidas hasta ahora son las de Chittagong (Bangladesh), Hambantota (Sri Lanka), Guadar (Pakistán), islas Maldivas, Yibuti y la del golfo de Bengala (Myanmar). A este respecto, mucho ha convenido al gobierno de Xi Jinping el reciente golpe de estados en Myanmar, país donde China a invertido miles de millones de dólares en infraestructuras, pero recientemente el gobierno democrático había suspendido un proyecto hidroeléctrico chino: la represa de Myitsone. Los militares, más condescendientes con los intereses chinos, han ordenado la reanudación de dicha obra.
India ve con bastante desconfianza este collar de perlas, el cual la envuelve. Nueva Delhi ha comenzado a desarrollar una estrategia para escapar del cerco chino y en ello la participación de Estados Unidos es primordial. Durante los años de Trump, Washington fortaleció sus relaciones con la India. Biden mantiene esa actitud en el marco de una nueva “doctrina de contención”. Dicho nombre recibió en los años cincuenta la política de evitar la expansión del comunismo y ahora, en su nueva versión, se trata de hacer lo mismo con China. Por eso, entre otras cosas, el primer encuentro multilateral del presidente norteamericano lo celebró el mes pasado en una cumbre virtual multilateral con los jefes del gobierno de India, Australia y Japón, el llamado grupo "Quad”, al cual aboga por un ámbito "indo-pacífico libre y abierto”. Ya antes de eso Biden había hablado por teléfono con el Narendra Modi, el hombre fuerte de India. Ambos se necesitan, pero hay un problema. Biden quiere restaurar en la política exterior de Estados Unidos su tradicional compromiso con la democracia y los derechos humanos. Los estándares democráticos de India decaen rápidamente con constantes ataques a las libertades civiles, amenazas a la minoría musulmana, abundante discurso de odio, incremento en las persecuciones disidentes, etc. Biden definió la lucha entre democracia y autocracia como la gran batalla de nuestro tiempo. Si realmente lo cree deberá encarar no solo a los líderes de China, sino – en alguna medida- también a los de India. Pero la Realpolitik es poderosa.