En el municipio de Jenesano, en el centro de Colombia, un torneo de fútbol femenino rompe estereotipos y rescata tradiciones campesinas: Bota, Ruana y Sombrero, certamen que cada agosto, desde hace 11 años, reúne a decenas de mujeres que dejan por unos días el trabajo agrícola y doméstico para disputar partidos con un atuendo típico compuesto por botas de caucho, falda, ruana y sombrero.
La competencia cuenta con ocho equipos que llevan nombres relacionados con la vida rural, como Las Jediondas, Las Potrancas o Las Habas. Las jugadoras celebran cada gol con abrazos, mientras son acompañadas por unas 800 personas que corean y animan desde las gradas improvisadas en la cancha de tierra.
Para las participantes, el torneo es un espacio de visibilización en un sector tradicionalmente dominado por hombres. “Es parte de nuestra cultura y demuestra que los campesinos seguimos vivos, aunque muchas veces estemos olvidados”, expresó Luz Mery Contreras, de 39 años, agricultora y ama de casa.
El campeonato también destaca por sus reglas particulares: si a una futbolista se le cae el sombrero o una bota sale volando, debe detenerse, recogerla y continuar. El balón oficial, elaborado con piel y pelo de vaca, es más liviano y difícil de controlar, lo que añade un reto extra a los partidos.
Los premios refuerzan la conexión con la vida en el campo. Contreras recuerda con orgullo cuando su equipo ganó un cerdo, el cual vendieron para repartir el dinero entre las campeonas. La hidratación tampoco escapa a la tradición: en lugar de bebidas deportivas, las jugadoras beben guarapo, jugo de caña de azúcar que funciona como energizante y bebida festiva.
Entre las participantes hay amas de casa, agricultoras, pensionadas y hasta bomberas voluntarias, como Milena Arias, de 42 años, quien asegura que, a pesar de las duras jornadas, el fútbol es una forma de romper la rutina. “Jugar con botas, con ruana y con sombrero es una locura, pero nos da felicidad”, afirmó.
Más allá de la competencia, el torneo simboliza resistencia, unión y orgullo campesino, al tiempo que refleja el creciente entusiasmo por el fútbol femenino en Colombia, donde la selección nacional, liderada por Linda Caicedo, se prepara para buscar su pase al Mundial de 2027.
Con información de AFP