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Columnas
Josué Ángel González Torres
Entre el 7 y el 9 de Julio, la Secretaría de Marina – Armada de México organizó el “Seminario Hemisférico: La prospectiva estratégica como instrumento de anticipación y construcción de futuros para la Seguridad Nacional”, en el que se plantearon y discutieron temáticas como los desafíos globales clave, desarrollo de capacidades prospectivas, escenarios regionales, fortalecimiento de la era digital, geopolítica y geoestrategia, y modelos híbridos de información y atención a riesgos.
La prospectiva en el actual contexto se concibe como una herramienta sumamente potente para vislumbrar y actuar ante entornos volátiles, inciertos, complejos y ambiguos como los actuales, no sólo para el análisis de tendencias y la ideación de escenarios, sino para la anticipación y la construcción activa de futuros deseables en los diferentes campos de la vida en sociedad. Dada su pertenencia y relevancia, a continuación se exponen y reflexionan algunas ideas vertidas por los conferencistas con horizonte hacia las próximas décadas.
A nivel global, el desafío inmediato y a mediano plazo es la pandemia por SARS-CoV-2, la cual seguirá siendo uno de los temas clave en las agendas de los gobiernos, su manejo y atención serán vitales para la definición del futuro de las naciones. Como consecuencia, el uso de armas biológicas a gran escala se concibe como una posibilidad cada vez más factible, máxime una vez patente la magnitud de la crisis económica, política y social causada por un desequilibrio en la salud pública.
Hacia el futuro prácticamente cualquier tema relevante tendrá que ser entendido a la luz de los procesos medioambientales. El cambio climático global y sus repercusiones se irán acentuando, por lo que los países y los organismos internacionales tendrán que redoblar esfuerzos en la materia. Los recursos naturales claves para la vida humana (como el agua) o para el desarrollo tecnológico (como el litio), serán objeto de disputas entre los países interesados y con medios bélicos para hacerse de ellos. En este campo resaltan también la pérdida de la biodiversidad, los climas extremos cada vez más frecuentes, el impacto ambiental de la industria, y la deficiente acción internacional para evitar las problemáticas asociadas.
A nivel geopolítico, se consolidará el proceso de multipolaridad teniendo a la cabeza a Estados Unidos, China y Rusia, aunque simultáneamente se fortalecerán poderes no-estatales de gran envergadura en el ámbito económico, tecnológico y social. Destacan también posibles rupturas en las relaciones entre estados, mayor desigualdad en la riqueza entre países, procesos de migración masivos y cambios demográficos acentuados, como el envejecimiento de la población.
En cuanto al ámbito tecnológico, se experimentarán procesos relacionados con ciberataques y ciberguerra, el terrorismo cibernético, la geopolítica a través de medios tecnológicos, la red 5G, las criptomonedas, la inteligencia artificial y el internet de las cosas. Este contexto marcará aún más la desigualdad digital, la cual será equivalente o incluso más crítica que la económica.
En términos de la criminalidad, es probable que haya un mayor tránsito hacia delitos realizados en la dark web y delitos financieros que se aprovechan de las transacciones a través de medios digitales. Es posible que se incremente el uso de vehículos aéreos no tripulados (drones) para el cumplimiento de fines específicos, como ataques en contra de personas, espionaje, transporte de mercancías ilícitas y carga de explosivos para ser detonados en contra de instalaciones u objetivos definidos.
También es altamente factible que el crimen organizado introduzca armas autónomas o semiautónomas letales, como ya ha sucedido en países como Estados Unidos, China, Corea del Sur, Turquía, Israel e incluso la Unión Europea. Habrá crecientemente individuos solitarios o grupos compactos organizados en redes difícilmente rastreables, capaces de realizar daños mayúsculos en contra de instituciones, países y regiones.
Ante estos desafíos, es necesario pensar cuál es el papel de las instituciones de seguridad y defensa hacia las próximas décadas. México está todavía a tiempo de establecer las estrategias necesarias frente a los retos futuros y frente a los avances tecnológicos. Es necesaria la definición de una política de ciberseguridad, el desarrollo tecnológico y el impulso de capacidades institucionales dentro del ámbito militar y civil. Más que pensar los escenarios futuros, se trata de influir en ellos y construirlos.