@onelortiz
https://youtu.be/HnlIGg97OYI?si=BuuVIS8EntX4YQeO
Uno de los días más importantes de mi vida fue mi examen de ingreso a la UNAM. Terminé la secundaria y, como muchos adolescentes de mi generación, en el horizonte solo teníamos dos posibilidades: la UNAM o el Instituto Politécnico Nacional. Mi intención era ingresar al Poli, pero un día acompañé a mi amigo Martín Ávila a la UNAM y decidí hacer mi examen de ingreso al bachillerato. Después de meses de repasar apuntes, presenté mi examen en un aula de la Universidad La Salle, que está en Benjamín Franklin. Muy temprano, con mi suéter blanco de la suerte, el estómago vacío y hecho un manojo de nervios, me presenté con mi lápiz 2 o 2.5, sin reloj, obviamente sin calculadora, ni mochilas ni cuadernos. Me entregaron mi examen y comencé a llenar con mucho cuidado los cientos de óvalos de las respuestas de opción múltiple de la prueba.
Después vinieron meses de incertidumbre y espera. Cada día estaba pendiente del cartero. Decían que, si de su mochila sacaba un sobre grande, eran tus papeles de regreso, pero que, si te entregaba un sobre chico, era tu carta de aceptación. Aprobé el examen. Fui aceptado en el CCH Azcapotzalco y después pedí la FES Acatlán. Y aquí estoy, como egresado de la UNAM.
En un sistema lleno de corrupción, de tranzas y de influyentismo, el examen de ingreso a la UNAM, tanto a bachillerato como a licenciatura, goza de una credibilidad excepcional en México. No porque no se hicieran o se intentaran hacer trampas, o bien porque uno que otro recomendado pudiera ser aceptado sin haber aprobado el examen. Siempre ha habido un prietito en el arroz, pero se trata de una prueba que no solo es importante para el alumno, sino para sus familias.
La mejor universidad de México, pública o privada, es la UNAM. Es un privilegio y un orgullo ser su alumno, académico o egresado. Por ello, los hechos ocurridos en el examen de admisión a la licenciatura de este año no son una simple falla administrativa. Es una oportunidad y reto que debe ser investigado y corregido para que la UNAM conserve su legitimidad, su integridad y su prestigio.
Efectivamente, la UNAM tiene que modernizarse. No se puede seguir eternamente llenando óvalos con lápiz, pero deben garantizarse los mecanismos de seguridad que impidan las trampas.
Bien hizo la Universidad en suspender el proceso de ingreso por examen este año. Lo pertinente es repetirlo, ahora de manera presencial. La primera prueba para los aspirantes a universitarios es ética. ¿Qué tipo de profesionistas quieres ser si haces trampa en su examen de ingreso?
Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce.