Un análisis reciente del México, ¿cómo vamos? advierte que, aunque la calidad de vida en el país ha mejorado en la última década, las persistentes deficiencias en los sectores de educación, salud y seguridad están limitando seriamente la movilidad social y perpetuando las desigualdades regionales.
El estudio, basado en el Índice de Progreso Social (IPS), documenta que el promedio nacional subió de 59 a 65 puntos sobre 100 en los últimos diez años —una señal de avance general—, pero subraya que dicho progreso no ha sido homogéneo: existe una marcada división entre el norte/centro y el sur del país.
Entre los principales obstáculos identificados destaca la crisis en la educación básica: la matriculación en nivel preescolar se redujo 9.3 %, en primaria bajó 4.2 % y en secundaria decreció 2.9 % en los últimos 12 años, lo que amenaza el desarrollo educativo y las oportunidades de generaciones futuras.
En materia de salud, el informe señala que un tercio de la población carece de acceso a servicios públicos sanitarios; ante esto, seis de cada diez personas con problemas de salud deben recurrir al sector privado. Esta carencia estructural limita el bienestar y agrava la desigualdad social.
Por otro lado, la seguridad personal registró retrocesos en 17 entidades entre 2015 y 2024, y en 22 estados se observó un aumento en la tasa de homicidios en el último año, según cifras del estudio. Expertos en seguridad señalan que el deterioro no se reduce a la criminalidad, sino también a la falta de inversión sostenida en instituciones de justicia y seguridad pública.
Los autores del informe plantean como prioritarias una serie de medidas para revertir estos rezagos: formalización de la economía, creación de un sistema nacional de cuidados, inversión urgente en infraestructura pública y en instituciones de seguridad, así como rediseño del sistema educativo y sanitario para garantizar cobertura universal.