Por Luis Carlos Rodríguez G.
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“Mi mayor temor es morir solo en un hospital en Nueva York”, comentó Michel Iturbide, quien narró cómo sobrevivió al contagio del Covid-19 en su departamento en Brooklyn, Nueva York, sin ayuda o asesoría de médicos, acompañado por sus tíos, también infectados, quienes con medicamentos como paracetamol e ibuprofeno, además de tés y otros remedios caseros han logrado superar la pandemia.
Sin embargo, otro de sus tíos, Arnulfo Huerta Trinidad, de 55 años y quien los habría contagiado, murió el pasado 15 de abril en un hospital de Manhattan, después de que se complicó el cuadro clínico con la diabetes y temas de presión arterial que sufría.
En entrevista vía telefónica desde Nueva York con ContraRéplica, Michel, de 28 años e integrante de una familia originaria de Atlixco, Puebla, expuso que muchos mexicanos han preferido no ir a hospitales por el temor de no ser atendidos correctamente o de ingresar y morir solos.
Aún con tos y dolores en la espalda como secuelas del coronavirus, indicó que “esto no es nada parecido a una gripa o alguna enfermedad que haya padecido. A mí en lo personal lo que más me afectó fue la respiración. Uno no sabe qué es lo qué va a suceder, no sabe si de aquí a mañana uno se va a poner más grave. Igual si vas a llegar de urgencias al hospital y depender de alguien que en algún momento no quiera ayudarte”.
Después de vivir la experiencia de su tío Arnulfo, expuso que “morir en un hospital en estos días en Nueva York es muy horrible, morir solo, sin familia para despedirte, sin que nadie que esté ahí. Esa es mi mayor preocupación. Gracias a Dios ya puedo respirar mejor. Todavía tengo algunas molestias, como toser un poco, el dolor de espalda que se volvió crónico. Tuve tres días con mucha fiebre, pero más mis tíos, acompañado de dolor de cabeza.
“Esta enfermedad es muy diferente. No es como una gripa, esto te dura un mes o más. Son dolores muy fuertes. Le doy gracias a Dios que me permitió salir de esta”.
Michel, quien trabaja en la industria de la construcción y nació en Estados Unidos, pero se crió en Atlixco, reconoció que como su familia, muchos mexicanos que viven en Nueva York, en caso de contagiarse por Covid, están decidiendo no ir a hospitales y tratan en sus casas.
“Algunos superarán la enfermedad como nosotros y otros están muriendo. Aquí nos pusimos a cuidarnos entre nosotros, con mi tía Sabina, de 65 años y mi tío Ramón, de 62 años. Con paracetamol yo y ellos con ibuprofeno en gel. Mi tía nos daba té de jengibre y otros remedios. Ellos se untaban alcohol para el dolor de cabeza, cuerpo y las fiebres. Mi tía nos hacia de comer con salsas picosas para que nos diera hambre. Bien o mal nos recuperamos”.
De su tío Arnulfo, de 55 años, quien los habría contagiado, dijo que estuvo con ellos varios días y cuando se empezaba a recuperar decidió acudir a un hospital para conseguir una constancia médica para justificar las faltas en su trabajo.
“Mis tíos le dijeron: ‘pendejo, piensa como están las cosas, no vayas ahorita, la gente se está muriendo’. Pero decidió ir el pasado 15 de abril. Estaba débil y en el hospital se cayó. Lo pasaron a urgencias y le confirmaron lo del coronavirus. Se estaba recuperando, pero después se complicó todo. Le dijeron que la sangre se le había infectado, se complicó con la diabetes y a los cinco días murió, el pasado domingo.
“Todavía en la mañana que murió nos comunicamos por videollamada, no se veía tan mal, solo tenía dificultad para respirar. No sabemos qué pasó, pero por la tarde lo entubaron y en la noche falleció”, recordó Michel.
Agregó que este sábado 25 de abril fue el funeral. “Es muy complicado ahorita conseguir una funeraria, hay que mover mucho dinero para que los puedan velar. Costó 5 mil dólares, es mucho dinero, pero si no pagas, no entregan el cuerpo. A los que no pagan los están aventando en una fosa en el parque.
“El Consulado de México en Nueva York no está ayudando en nada. Hay demasiada gente que se está muriendo y los que más están muriendo son los latinos”.
Con cubrebocas y el desgaste físico de un mes luchando contra el virus, el sobreviviente del Covid se asoma por su ventana de su apartamento en Brooklyn y narra: “Veo una ciudad apagada, triste, sin movimiento, en agonía con toda esta situación. En serio. Mi consejo es que la gente en México se cuide, que valore su vida, porque el dinero va y viene. La vida ya no. Yo tengo 28 años y aún tengo secuelas, no sé si serán permanentes. Es mejor estar sano y no salir a la calle. Esta enfermedad no es un juego”.