Cada vez que una ciudad es sede de un evento global se promete desarrollo, derrama económica y proyección internacional. Pero en la Copa Mundial de la FIFA 2026, al menos en la Ciudad de México, la fiesta del balón comienza a tener un rostro menos glamoroso: el del desalojo silencioso, el contrato cancelado y el aumento de renta disfrazado de oportunidad de mercado.
Contratos terminados de manera anticipada por el arrendador, notificaciones para abandonar el inmueble en 30 días, incrementos de hasta siete mil pesos mensuales, presiones veladas y abiertas para “renovar” bajo nuevas condiciones. La lógica es clara: liberar viviendas para ofrecerlas a precios exorbitantes a los miles de visitantes que llegarán este año. La pregunta es inevitable: ¿a quién beneficia el mundial y qué hacen las autoridades para impedir estos abusos?
Uno de los casos más emblemáticos se registra en el edificio Isabel, conocido también como Ermita o de la Canadá, ubicado en avenida Revolución 119 y 121, en Tacubaya, alcaldía Miguel Hidalgo. Se trata de un conjunto habitacional de 1929, con valor patrimonial y memoria urbana. Sus habitantes han denunciado un “desalojo silencioso” promovido por la Fundación Mier y Pesado, intensificado desde noviembre de 2025 ante la cercanía del Mundial.
Durante años firmaron contratos con renovación anual. De pronto, comenzaron a recibir correos electrónicos informándoles que no habría renovación y que debían desalojar. Otros enfrentaron aumentos desproporcionados. “Nos dijeron que iban a hacer casas dúplex”, relata una pareja con 15 años en el edificio. Se sabe que varias de las 13 viviendas ya desalojadas están intervenidas: pisos originales retirados, habitaciones divididas, cascajo acumulado en áreas comunes. El patrimonio arquitectónico cede ante la rentabilidad inmediata.
Los vecinos colocaron lonas en la fachada con mensajes como “¡No al desalojo!” y “¡No a la gentrificación!”. Desde la acera, sin bloquear la circulación, defendieron su derecho a la vivienda y a permanecer en el barrio que han habitado por décadas.
Este fenómeno no se reduce a colonias como Roma o Condesa. Es una ola expansiva que abarca distintas zonas de la ciudad. El Mundial se convierte en catalizador de prácticas que ya existían: mafias inmobiliarias que especulan con el suelo urbano y arrendadores que aprovechan vacíos legales o la lentitud institucional.
El derecho a la vivienda no es accesorio frente a la derrama turística. Las autoridades deben decidir con claridad de qué lado están: si del lado de quienes habitan y construyen comunidad o del lado de quienes ven en cada departamento una oportunidad para maximizar ganancias a costa de expulsar a miles de capitalinos. El balón rodará unas semanas; las consecuencias sociales pueden durar años.
Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce .