Usuarios de redes sociales informaron que tuvieron problemas para poder acceder al recinto, incluso, muchos tuvieron que escuchar sus canciones favoritas desde afuera y con boleto en mano.
Tras meses de espera por fin llegó el día, Guns N’ Roses regresó a la Ciudad de México para deleitar a todos sus fans capitalinos con sus icónicas canciones, pero lamentablemente no todo resultó como esperaban, pues por culpa de una “mala organización” la legendaria banda de rock tuvo que interrumpir su espectáculo desatando molestia entre los asistentes. Por esa razón ofrecieron una disculpa deslindándose de lo ocurrido.
Unos minutos después de terminar el concierto que ofrecieron el pasado viernes 21 de octubre en el Estadio Ciudad de los Deportes, Guns N’ Roses recurrió a su cuenta de Twitter para pronunciarse sobre todo lo que ocurrió antes y durante su show. Sin profundizar en detalles, la banda liderada por Axel Rose aclaró que tenían programado tocar por más tiempo, sin embargo, tuvieron que abandonar el escenario porque existieron varias fallas que no les permitieron continuar como querían.
“¡Gracias Ciudad de México por una noche increíble! Lamentamos que el show tuviera que interrumpirse, queríamos tocar algunas canciones adicionales, tuvimos que buscar a nuestro equipo de producción que está trabajando arduamente para asegurarse de que este show se desarrolle bien considerando los problemas que tuvimos antes del show”.
Agregaron: “Un agradecimiento especial a Opie, nuestro director de producción, a Gio, nuestro jefe de seguridad de recintos, a nuestra empresa Siteco y al resto del equipo”, tuitearon.
El viejo Estadio Azul, ahora llamado Estadio de la Ciudad de los Deportes, un nombre que le viene bien al hogar que este 22 de octubre albergó la gran adrenalina que sigue representando Guns N Roses: escucharlos es llevar al límite la energía hasta el cansancio que dejan las horas del gimnasio. Sudor y dolor muscular. El rock and roll en su lado más salvaje, sin dejar lo pop.
Guns N Roses saltó la noche del viernes al escenario con casi su alineación original. Sólo quedan vestigios, hay que decirlo, de aquel Axl Rose sex symbol, con su lado redneck que tanta polémica propició. Su voz se escucha cansada, pero los coros y la superproduccion le hicieron un gran favor: por momentos, muy pocos, el público recordó a ese Axl que protagonizó tantos posters.
Slash. Su forma de tocar sigue impecable. Sucia. Sencilla y bluesera. Toca su Gibson mejor que nunca. Su ímpetu, sin embargo, es menor que en aquellos años de Los Ángeles, cuando la banda se conformaba con heroína, alcohol o cocaína como sueldo. La banda, naturalmente, ya no se queda en hoteles de paso.
El bajista Duff McKagan es un hilo. Todo en él es delgado menos el bajo, que suena denso, que reverbera en cada rincón del estadio. Él fue quien quiso salvar a Kurt Cobain (vocalistay guitarrista de Nirvana) del suicidio. No pudo. Él sí se salvó. Fue adicto a la heroína por más de una década. También vio morir a Scott Weiland, gran ídolo del grande.
El concierto transcurre. Venden cerveza. Helados de limón. Hace 30 años no vendían esto. Guns en el escenario. Comienza Welcome to the jungle.