Hoy se celebra un aniversario más de la creación del Instituto Nacional Electoral, allá en 2014, como sucedáneo del IFE. Para quienes tuvimos la suerte de formar parte de la generación fundadora de tan entrañable institución, en octubre de 1990, esta es ocasión propicia para reunirnos, contarnos historias y compartir proyectos.
Lo es para expresar pública gratitud con una institución que nos dio vocación y oficio hace 32 años, nos enseñó la importancia del servicio público y nos inspiró a reconstruir nuestra democracia desde la boleta, la urna, la casilla... Lo es también para reflexionar sobre lo que nos falta avanzar y los retos que el autónomo enfrenta en estos tiempos ominosos de crispación política, de los otros datos y de la post verdad.
El homenaje que hoy le rindamos es una obligación cívica pero también encarna un compromiso sobrecogedor frente a los enormes retos y oportunidades que se avizoran para el nombramiento del nuevo presidente o presidenta del INE en 2023 y para la elección presidencial de 2024.
Que veinte años no es nada, dice el tango famoso. En este caso, 31 son todo. Entre 1990 y este 2022, en el salón de sesiones de Viaducto Tlalpan y Periférico hemos visto los más trascendentes debates y decisiones para la viabilidad misma de la república, como es el mismo INE. Hemos presenciado momentos luminosos de avance democrático, sucedidos a veces por borrascas insondables de retrotracción política.
Del mismo modo, hemos visto desfilar por sus mandos, ramas y cuerpos, por lo general, a personas servidoras públicas de probidad e integridad a toda prueba, expertos y expertas incansables. El balance, creo, es positivo.
Aunque naturalmente debemos hacernos cargo de los claroscuros de su devenir histórico, consustanciales al diseño legal o a la impericia ejecutiva o de comunicación, es una entidad que ha servido de modelo e inspiración a infinidad de naciones democráticas y eso no es una característica menor, sino que la pinta de cuerpo entero.
Hoy hay en el INE fortalezas suficientes para salir adelante y hay debilidades que nos deben poner en esa alerta amarilla que obliga a la reflexión, pero también a la acción preventiva o correctiva de las y los directivos. Aún hay tiempo para modernizarnos, antes de que nos modernicen.
En este aniversario, el INE es una institución sólida, acreditada en el mundo entero y en México. Sin ella, nuestro régimen político moderno es impensable, intransitable, imposible. Hoy el INE tiene más proyecto, idea y convicción democráticas y reconocimiento social que nunca. En esta celebración, cuenta con más futuro que historia, más horizonte que dificultades, más confianza que dudas, más dignidad que adversidad y más logros institucionales que deudas sociales. Su luz en la constelación institucional es inmarcesible y su impronta en la historia de la democracia mexicana, impertérrita. ¡Feliz cumpleaños!
@ElConsultor2