El maíz es uno de los cultivos más importantes para las familias rurales de la Península de Yucatán, ya que representa la base de la alimentación regional y una actividad productiva clave para miles de productores que dependen de este grano para el autoconsumo y la generación de ingresos. Durante 2024, en los estados de Yucatán, Campeche y Quintana Roo se sembraron más de 329 mil hectáreas de maíz, con una producción cercana a las 745 mil toneladas de grano. Sin embargo, los rendimientos continúan siendo bajos en muchas zonas debido a factores como la limitada disponibilidad de semilla mejorada adaptada a las condiciones agroclimáticas de la región.
Ante esta necesidad, investigadores del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), Campo Experimental Mocochá, han desarrollado y puesto a disposición de los productores diversas variedades mejoradas de maíz con alto potencial productivo, buena adaptación a las condiciones de temporal, así como características de calidad para el consumo humano y usos industriales. Estas variedades representan una alternativa tecnológica que contribuye a incrementar la producción de maíz en el sureste de México, fortalecer la seguridad alimentaria y mejorar la rentabilidad de las unidades de producción.
Para las zonas donde aún predomina el sistema tradicional de producción basado en roza-tumba-quema y agricultura de temporal, se recomienda el uso de las variedades Sac Beh y Nukuch Nah. Estas presentan buena adaptación a las condiciones ambientales de la región y pueden alcanzar rendimientos superiores a 2.5 toneladas por hectárea, superando ampliamente los rendimientos obtenidos con materiales criollos en muchas comunidades. Además, son variedades de polinización libre, lo que permite a los productores conservar parte de la cosecha como semilla para ciclos posteriores. Sac Beh produce grano blanco de buena calidad para la elaboración de tortillas y otros alimentos tradicionales, mientras que Nukuch Nah produce grano amarillo con características adecuadas para diferentes usos alimentarios y pecuarios.
En las áreas donde se emplean prácticas mecanizadas de producción, el INIFAP recomienda las variedades VS-536, V-540, V-561 y V-562. Estas han mostrado excelente adaptación a las condiciones de temporal del sureste mexicano y pueden alcanzar rendimientos superiores a 5.5 toneladas por hectárea cuando las condiciones climáticas son favorables. Entre sus ventajas destacan: mayor potencial de rendimiento de grano, adaptación a diferentes ambientes de la Península de Yucatán, buena calidad física del grano, tolerancia a factores adversos presentes en la región y disponibilidad de materiales de polinización libre que facilitan la producción local de semilla. La variedad V-561 también presenta características sobresalientes para la producción de elote, alcanzando contenidos de azúcares de hasta 15.2 °Brix, lo que representa una oportunidad para diversificar los mercados y generar valor agregado.
Las variedades desarrolladas por el INIFAP tienen un amplio potencial de adopción en los tres estados que conforman la Península de Yucatán. Para el sistema tradicional, Sac Beh y Nukuch Nah están dirigidas principalmente a las regiones poniente, noroeste y centro de Yucatán, así como al noroeste de Quintana Roo. Por otra parte, las variedades VS-536, V-540, V-561 y V-562 son recomendadas para las regiones sur, oriente y noreste de Yucatán; las regiones norte y centro de Campeche; y las regiones centro y sur de Quintana Roo, donde predominan sistemas de producción mecanizados. La adopción de estas variedades puede beneficiar a miles de productores de pequeña y mediana escala que buscan mejorar sus rendimientos sin perder la adaptación a las condiciones locales.
La disponibilidad de semilla mejorada adaptada a las condiciones de la Península de Yucatán contribuye directamente al fortalecimiento de la producción nacional de maíz y a la reducción de la dependencia de materiales externos. Al incrementar la productividad por unidad de superficie, estas variedades ayudan a mejorar la disponibilidad de alimentos para las familias rurales y generan excedentes comercializables que fortalecen la economía local. Asimismo, el uso de materiales mejorados desarrollados por instituciones públicas como el INIFAP permite que los productores tengan acceso a tecnologías validadas científicamente y adaptadas a las condiciones específicas del sureste mexicano.
El desarrollo, evaluación y transferencia de las variedades mejoradas de maíz para la Península de Yucatán forman parte de los esfuerzos institucionales orientados a fortalecer la producción de alimentos estratégicos en México mediante la generación y adopción de tecnologías apropiadas para los productores. Estas acciones se realizan con el apoyo de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI), a través del financiamiento de los proyectos MADTEC-2025-R-4 "Producción y transferencia de variedades mejoradas de maíz y frijol para el sureste de México" y PEE-2025-G-875 "Evaluación de variedades mejoradas de maíz y frijol negro del INIFAP para su recomendación en ambientes de la Península de Yucatán". Mediante estos proyectos se impulsa la generación de conocimiento científico, la producción de semilla mejorada, la validación tecnológica en diferentes ambientes agroecológicos y la transferencia de innovaciones hacia los productores de la región, contribuyendo al fortalecimiento de las capacidades productivas y a la resiliencia de los sistemas agrícolas del sureste mexicano.
Estas tecnologías se alinean con los objetivos de los programas federales Sembrando Vida y Cosechando Soberanía, al promover el uso de materiales genéticamente mejorados, adaptados a las condiciones locales y capaces de incrementar la productividad de manera sostenible. La disponibilidad de variedades de maíz con mayor rendimiento y adaptación favorece la producción de alimentos básicos, mejora los ingresos de las familias rurales y contribuye al fortalecimiento de la soberanía alimentaria nacional, objetivos prioritarios de las políticas públicas impulsadas por el Gobierno de México. De esta manera, la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación generados por el INIFAP se convierten en herramientas estratégicas para impulsar la transformación sostenible del sector agroalimentario y mejorar el bienestar de las comunidades rurales de la Península de Yucatán.