El gobierno de la India calificó como “bárbaro” el ataque aéreo realizado por Pakistán contra un centro de rehabilitación para farmacodependientes en Kabul, que según los talibanes dejó al menos 400 muertos y 250 heridos. El Ministerio de Exteriores indio señaló que se trató de un acto de violencia “cobarde e inconcebible” contra civiles y acusó a Islamabad de disfrazar una masacre como operación militar.
Nueva Delhi reiteró su apoyo a la soberanía afgana, en un contexto en el que ha estrechado lazos con el régimen talibán tras la visita de su cúpula a la capital india en octubre pasado. Por su parte, Pakistán confirmó la autoría del ataque, pero negó haber golpeado un hospital, asegurando que el complejo funcionaba como depósito de armas del grupo Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP).
El Ministerio de Información paquistaní afirmó que las explosiones en cadena registradas tras el impacto prueban que el lugar era un centro de almacenamiento de municiones. Además, acusó a insurgentes vinculados a India de operar en la zona para desestabilizar Pakistán desde Afganistán.
El portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, declaró que la vía diplomática quedó cancelada tras el ataque y anunció represalias militares. Tanto Afganistán como Pakistán han advertido que están preparados para un conflicto prolongado en sus fronteras.
La crisis se suma a la tensión regional que se intensificó en mayo pasado, cuando un atentado contra turistas en Cachemira llevó a India y Pakistán a su enfrentamiento más crítico en décadas. El actual conflicto, considerado el peor entre Afganistán y Pakistán en años, se recrudece en vísperas del fin del Ramadán y bajo la sombra de la guerra en Medio Oriente entre Estados Unidos, Israel e Irán.