El Mundial de futbol concluyó formalmente el pasado domingo, y aunque para México y sus más de 160 millones de seguidores aquí y en EE.UU. terminó hace un par de semanas, podemos hacer un breve corte de caja sobre lo mejor que le pasó a nuestro país y los muchos retos que siguen.
Primero: volvió la alegría, de manera breve, puntual, pero llegó. Se dejó de hablar de nuestros achaques y pesares cotidianos y el fútbol fue el centro de nuestras conversaciones. En México, sólo tenemos la noche del Grito del 15 de septiembre como nuestra fiesta cívica nacional, y al no tener una tradición arraigada de carnavales que sí tienen otros países, nuestras fiestas cívicas, realmente son muy pocas. El fútbol hizo esto, destacándose particularmente por los triunfos ante Corea del Sur, Chequia y Ecuador. No hubo comunidad o ciudad que no se volviera una fiesta espontánea. Pero también no podemos olvidar la trágica muerte de personas por asfixia en CDMX y por linchamiento en La Paz, BCS, fallecimientos que no debieron pasar y que deben esclarecerse.
Segundo: el peso de los méxico-americanos en EE.UU. se ve y se siente. Once millones de mexicanos, al menos de ellos la mitad ciudadanos estadounidenses y más de treinta y cinco millones con raíces mexicanas, hacen de nuestros connacionales, la tercera fuerza de grupos étnicos allá, sólo detrás de los descendientes de ingleses y alemanes. Las fuerzas políticas de EE.UU. lo saben y tienen claro que una elección de ciudad, estado o país; puede ser inclinada por la comunidad méxico-americana. Esta comunidad no sólo generó en el partido México-Inglaterra la mayor audiencia para un partido de fútbol allá, sino que no hubo Fanfest en Canadá o Estados Unidos en donde los aficionados mexicanos no estuvieran presentes. Buena parte del colorido en las ciudades sedes lo pusieron las y los mexicanos residentes en dichos países. Pero insisto, no sólo es folklore: son comunidades con poder económico y ascendente influencia política.
Tercero: las obras públicas prometidas en las tres sedes en México tuvieron avances modestos o retrasos. Es claro que nuestro país tiene que mejorar sus procesos de contrataciones públicas. Multiplicidad de leyes, facilidades de las mismas para asignar los proyectos a empresas de reciente creación o dudosa experiencia, nos recuerdan que el ejercicio del gasto público transparente, eficaz y eficiente, sigue siendo un gran pendiente en nuestra vida pública. Al menos no hubo gastos multimillonarios como en Brasil.
Cuarto: México no puede aislarse del mundo. El comercio internacional y el multilateralismo podrán vivir temporales, pero llegaron para quedarse. Si nuestro país no está en los foros globales deportivos (Mundiales) económicos (Davos), políticos (G20, ONU), alguien más estará en nuestro lugar.
Y de vuelta a nuestra realidad, las masacres cotidianas volvieron; con las mismas instituciones y actores de hace un mes. La fiesta se acabó, las treguas criminales concluyeron, los problemas continúan; pero como sociedad, no debemos evadirlos: la vida sigue.