Por @RenegadoRadio
En los aniversarios luctuosos de las leyendas del rock suele imponerse el lugar común: el solo de guitarra estratosférico, la multitud coreando en un estadio o la frase lapidaria de estadio. Sin embargo, para entender la verdadera dimensión de Gustavo Cerati conviene alejarse del mito deslumbrante e internarse en la trastienda de su proceso creativo, ahí donde la arquitectura sonora se diseñaba en silencio.
Antes de convertirse en el arquitecto sónico de Latinoamérica, Cerati formó su mente creativa en las aulas de Publicidad de la Universidad del Salvador. De esa etapa no solo heredó la intuición para los conceptos visuales, sino una relación casi quirúrgica con el lenguaje. Para Gustavo, componer nunca fue un acto de catarsis poética primaria; era un ejercicio de diseño sónico. Primero nacía la melodía, tarareada y registrada en grabadoras portátiles, y solo al final encajaba la palabra. Diseñaba las letras por su sonoridad y peso fónico antes que por su significado literal, echando mano del sampling no solo para la música, sino para el texto: cazaba frases al vuelo en libros, periódicos o carteles de calle para recortarlas y pegarlas en sus maquetas como un collage dadá.
Existe también un hilo invisible entre su pasión de infancia por el dibujo de cómics y sus obras más influyentes. El héroe medieval "Argos", un personaje fantástico que dibujaba de niño, terminó transfigurándose años después en ese ícaro urbano que vuela sobre la capital argentina en "La ciudad de la furia". La fantasía siempre fue su refugio preferido frente a una realidad cotidiana que solía resultarle insuficiente.
Incluso en sus momentos de mayor sofisticación, sus referencias eran guiños domésticos cargados de ironía: el misterioso "Pequeño Cristo 3-D" al que le cantaba en "Verbo carne" —grabada nada menos que en Abbey Road junto a una orquesta británica— no era una alegoría teológica compleja, sino la figura holográfica de un Jesucristo lenticular que colgaba en la puerta de su estudio Unísono y que parecía moverse según el ángulo desde el que se le mirara.
A más de una década de su partida, el fenómeno Cerati ha dejado de ser mero ejercicio de nostalgia para convertirse en un territorio de redescubrimiento. La reciente apertura de sus archivos personales y registros inéditos para nuevas producciones documentales confirma que su obra opera fuera del tiempo. Gustavo no buscaba el aplauso efímero; construía estructuras sonoras diseñadas para perdurar. Hoy, su ausencia no se siente como un vacío, sino como una frecuencia fija a la que siempre es posible volver a sintonizar. Tan es así que los tributos continúan, tan sólo este sábado 5 de septiembre la banda Doble Vida hará un tributo en La Maraka y el próximo 23 de noviembre la gira Ecos 3D regresará al Palacio de los Deportes.
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