Hay causas que no necesitan colores partidistas para unirnos, causas que hablan de nuestra sensibilidad, de nuestros valores y de la sociedad que queremos construir y la protección de los animales es una de ellas, nuestro país está frente a la oportunidad de saldar una deuda que durante muchos años permaneció pendiente: construir una legislación nacional que proteja de manera efectiva a los animales y que establezca con claridad las responsabilidades que tenemos como sociedad frente a ellos.
La discusión para expedir una Ley General de Bienestar, Cuidado, Conservación, Preservación y Protección de los Animales no es un asunto menor ni una moda legislativa, es consecuencia de una nueva conciencia social y sobre todo, del mandato constitucional que estableció la obligación del Estado mexicano de garantizar la protección, el trato adecuado, la conservación y el cuidado de los animales.
Junto con mi compañera diputada Irma Juan Carlos, presenté una iniciativa para expedir esta Ley General, convencida de que debemos pasar de las buenas intenciones a reglas claras y de las expresiones de solidaridad a una verdadera política nacional de bienestar animal, nuestra propuesta parte de una realidad, México necesita un piso mínimo de protección que permita la participación coordinada de la Federación, las entidades federativas, los municipios y las alcaldías de la Ciudad de México.
No podemos permitir que el bienestar de un animal dependa del código postal en el que se encuentre; la crueldad, el abandono y el maltrato deben enfrentarse con prevención, educación, denuncia, vigilancia y cuando corresponda, con sanciones; pero también debemos entender que una política seria de bienestar animal requiere fomentar una cultura distinta desde nuestros hogares, comunidades y escuelas.
Quienes hemos caminado las calles sabemos que este problema tiene rostro, lo vemos en los perros y gatos abandonados; en animales que sufren violencia; en familias que quieren cuidar responsablemente a sus animales de compañía y que muchas veces no encuentran orientación o servicios suficientes.
En el barrio nos enseñan a temprana edad, que cuidar es un acto profundamente humano, por eso esta discusión debe construirse escuchando todas las voces, de especialistas, organizaciones protectoras, académicos, autoridades, comunidades rurales, productores y, especialmente, a quienes llevan años trabajando directamente en la defensa y cuidado de los animales. Debemos decirlo fuerte y claro, necesitamos una legislación responsable, equilibrada y aplicable, que proteja verdaderamente a los animales, que reconozca las distintas realidades sociales, económicas, culturales y territoriales de nuestro país.
No podemos dejar de mencionar, que esta propuesta es una herencia del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien impulsó la reforma constitucional en materia de protección animal, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 02 de diciembre de 2024. Hoy corresponde a quienes integramos el Poder Legislativo avanzar en la construcción de la legislación secundaria que permita llevar esos principios a la vida cotidiana.
Por ello, quiero dejar claro que durante la discusión defenderé y pugnaré por una legislación que coloque el bienestar animal como una responsabilidad colectiva. Porque combatir el maltrato también significa combatir la normalización de la violencia; porque enseñar a nuestras niñas y niños a respetar a los animales significa formar generaciones con mayor sensibilidad hacia la vida.
Como mujer que viene del barrio, he aprendido que la comunidad también significa cuidar al que tenemos al lado, la solidaridad debe extenderse a todos los seres con los que compartimos nuestros espacios y nuestro entorno, demostrando con ello, que la forma en la que tratemos a nuestros animales será el reflejo de los valores que decidimos defender.
Proteger a los animales no es solamente legislar sobre ellos, es decidir con convicción qué clase de sociedad queremos ser, POR LOS QUE AMAMOS.
María Rosete