Cuando una mujer decide salir de una relación violenta, enfrenta dos batallas al mismo tiempo.
La primera es contra su agresor. La segunda, muchas veces igual de difícil, es contra la incertidumbre de no saber cómo va a sobrevivir al día siguiente.
Sí, lamentablemente para las mujeres salir de un círculo de violencia también tiene un costo monetario.
Cuesta conseguir un lugar donde dormir. Cuesta trasladarse a un sitio seguro, alimentar a los hijos, perder el ingreso que controlaba el agresor y, en muchas ocasiones, cuesta regresar con quien la violentó porque simplemente no había otra alternativa.
Ésa es la realidad que miles de mujeres viven todos los días.
En la Ciudad de México existen líneas telefónicas, refugios, asesoría jurídica, pero no es suficiente.
Existe un vacío que sigue dejando desprotegidas a las víctimas. Un vacío que aparece justamente después de que una mujer es atendida por personal médico.
Llega golpeada a un hospital. Es atendida. Recibe atención psicológica. Se identifica que es víctima de violencia familiar o de género.
Y después…
Sale por la misma puerta por la que entró, sin dinero para trasladarse, sin recursos para hospedarse, sin la posibilidad de comprar alimentos, sin saber dónde pasará la noche.
Todo eso y más es lo que tiene que enfrentar una mujer violentada y muchas veces termina regresando con su agresor porque la violencia dejó de ser el único problema. La pobreza, el miedo y el abandono institucional hace que regrese con su violentador.
La violencia no termina cuando concluye la atención médica. Es precisamente en ese momento cuando la víctima necesita que el Estado responda con mayor rapidez y esa es la columna vertebral de esta iniciativa.
Lo que propongo es crear un mecanismo de canalización inmediata para que las mujeres víctimas de violencia familiar o de género, atendidas por el Sistema de Atención Médica de la Ciudad de México, puedan acceder de manera prioritaria a las medidas de ayuda previstas en la Ley de Víctimas, incluyendo un apoyo económico inmediato cuando así lo determine la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas.
Si el sistema de salud es la primera puerta a la que llegan muchas víctimas, esa misma puerta debe convertirse en el inicio de toda la ruta de protección.
Que desde el hospital se genere un folio único de canalización, que ese folio llegue de inmediato a la Comisión de Víctimas. Que se valore el nivel de riesgo de manera prioritaria.
Y que, cuando proceda, la víctima pueda recibir un apoyo económico de emergencia para cubrir necesidades básicas como transporte, alimentación, alojamiento temporal, comunicación o protección.
No estamos proponiendo un cheque en blanco, ni la entrega automática de recursos públicos.
La iniciativa que propuse en el Congreso de la CDMX establece que será la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas la que realizará la valoración correspondiente y determinará la procedencia, el monto y la forma de entrega del apoyo conforme al riesgo, la vulnerabilidad y la disponibilidad del Fondo de Ayuda.
Ninguna mujer debe regresar a su casa con su violentador por falta de apoyo económico por parte del estado