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Columnas
Ziblatt y Levitsky, coautores de los exitosos libros multi ventas Cómo mueren las Democracias (2018) y Tiranía de la Minoría (2023), publicaron hace unos días un nuevo texto relevante para el debate actual sobre el papel de las instituciones llamadas “contramayoritarias” en el marco de mayorías parlamentarias o políticas superlativas.
El breve ensayo, legible en el ejemplar de este mes de enero de la Revista Journal of Democracy,arranca con una pregunta de investigación demoledora: ¿Cuándo los límites a las mayorías mejoran el gobierno democrático y cuándo lo socavan? Me parece un dilema poco explorado que lo autores hacen bien en resaltar.
Afirman, correctamente, que las restricciones a las mayorías son, por supuesto, esenciales para la democracia moderna pero advierten que la democracia liberal no es simplemente un sistema de gobierno de la mayoría, pues combina el gobierno de la mayoría y la protección de los derechos de las minorías.
Señalan que para impedir que las mayorías temporales priven a los individuos de derechos fundamentales o legislen la desaparición de las minorías políticas, las democracias debenasegurar que algunos dominios permanezcan, en palabras del Ministro de la Suprema Corte norteamericana Robert H. Jackson, “fuera del alcance de las mayorías”.
Sin embargo, anuncian con toda razón que las limitaciones a las mayorías electorales también subvierten la democracia y ofrecen algunos ejemplos. En Tailandia, el Senado no electo conservador impidió que el Partido Move Forward formara gobierno a pesar de su aplastante victoria en las elecciones parlamentarias de 2023; en Chile, los senadores no electos permitieron a los conservadores controlar el Senado en la década de 1990 a pesar de que las y los chilenos habían elegido mayorías de centro-izquierda; y en Estados Unidos, el Colegio Electoral ha otorgado la Presidencia a aspirantes que obtuvieron menos votos que sus oponentes dos veces este siglo.
En su texto, los autores ofrecen un muy interesante nuevo marco para comprender la ambiguarelación entre “contramayoritarismo” y democracia contemporánea. Establecen una inédita distinción más precisa entre instituciones contramayoritarias que son esenciales para la democracia liberal y aquellas que son innecesarias e incluso la subvierten.
Dicen acertadamente que agrupar a todas las instituciones contramayoritarias en la misma categoría pueden llevarnos a preservar y prescribir algunas obsoletas y antidemocráticas que distorsionan la competencia política y pueden socavar la legitimidad democrática. En resumen, innovadoramente, alegan estar planteando el caso a favor de un contramayoritarismo robustopero a la vez minimalista.
No solo conceptualizan las instituciones contramayoritarias como aquellas que limitan el poder de las mayorías electorales, generalmente para proteger los derechos o intereses de las minorías, sino que su definición enlista concretamente por primera vez una amplia gama de instituciones contemporáneas con esa calificación, de las que le platicaré el próximo martes.
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