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Invasión de ambulantes

Invasión de ambulantes

Columnas lunes 18 de julio de 2022 -

Por cerca de cuarenta años, una familia entera del Centro Histórico de la Ciudad de México, vio truncada su vida, cuando un sin fin de vendedores ambulantes se instalaron, en las calles de una urbe que replica las diversas razones por las que este grupo se puede instalar en las avenidas, siendo totalmente indolente con quienes sí son las víctimas de esta historia repleta de ambiguedades.

Un negocio del que se mantenía no solamente la familia propietaria, sino también todos los empleados, algunos de los cuales colaboraron por décadas, al grado de ya ser considerados parte de una familia que siempre cumplió con sus obligaciones que la ley marca a los empleadores, y que para todos los trabajadores representó además de estabilidad laboral, un mutuo cariño y respeto que contrastaba ampliamente con las entrañas de una circunstancia que jamás paró en su extensión, bloqueando los accesos al negocio, matándolo.

Si un negocio que siempre pagó sus impuestos, foco de reconocimiento entre los vecinos, cuidadoso incluso con las rosas de las jardineras de la acera, tenía su contraparte con la estulticia de ese conglomerado que colma con deterioro las históricas calles. La instalación irregular arropa a sujetos prontamente transformados en comisarios de líderes encargados de la movilización capitalizada, que con la acumulación de recursos, a través del derecho de piso -la calle no es gratuita-, prontamente aspiran a diputaciones, a cargos en las alcaldías y a ofrecerse de clientela para la rapiña electoral.

Ver al ambulantaje como un mero recurso desesperado, expresa la común fantasía de una parte de la población que compadeciendo la destrucción del espacio público, defiende a una capa poblacional que conforma otro eslabón más en una cadena de corrupción que se disfraza de muchas maneras, recurriendo a la extorsión emocional escondiendo oscuros fines.

Los ambulantes no solamente dañan el espacio al que laceran con o sin consideración alguna, al que las autoridades en contubernio perenne, ceden sin velar por los intereses de la sociedad, pero además se les observa con la falsa apreciación del necesitado, y que si bien no se puede negar la triste realidad de la informalidad debido a la propia incapacidad de los gobiernos, la necesidad de unos, no se puede traducir en el exterminio de otros, cuando esos otros conforman al sector productor estable que cumple con sus obligaciones legales y enriquece con su presencia a la sociedad a la que pertenece.

Ver la invasión de puestos, inaudita en el Paseo de la Reforma, como un centreño nato que observó la degradación y el empoderamiento de esos grupos, no me hace sino pensar en quiénes son los que se encuentran detrás de la instalación dañina utilizada para vender contrabando chino, pretextando artesanías.


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/CR

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