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Columnas
Por Erika Solorio, activista de derechos humanos, asesora política, comunicóloga social. Mtra. Administración y Políticas Públicas con Enfoque en Gestión Política.
La esclavitud sigue vigente; la trata de personas es un delito que indiscutiblemente viola los derechos humanos de las víctimas, que en este preciso momento se encuentran en poder de sus victimarios.
La calidad de vida y el bien común no se le debe de negar a ninguna persona, sin embargo, la realidad es otra. La marginación no debe de existir.
Destaca la Office on Drugs and Crime, que, “la trata de personas es uno de los negocios ilícitos más lucrativos en Europa, donde los grupos criminales obtienen unos beneficios de 3 mil millones de dólares al año, siendo éste un negocio considerable que se abastece de la población mundial más marginalizada”, (UNODC).
Necesitamos trabajar en la prevención a la violación de los derechos humanos de todas y todos. Requerimos familias más unidas para evitar que existan las víctimas y los victimarios. Urgen más políticas públicas enfocadas en la prevención, porque la descomposición del tejido social, sí puede prevenirse.
Las oportunidades de educación para la niñez y la juventud son sumamente imprescindibles para avanzar en el bienestar de las familias, lo cual, se verá reflejado en sociedades y países más fuertes.
En el año 2023 estuvo en cartelera una película estadounidense, que dio a conocer parte de la situación por la que atraviesan las víctimas de la trata de personas, un hecho terrible y repudiable, que estremece a cualquier persona consciente.
La investigación existente: Los derechos humanos y la trata de personas de Naciones Unidas, a la letra dice: “Algunas de las causas identificadas son las desigualdades dentro de los países y entre ellos, el endurecimiento de las políticas de inmigración y un aumento de la demanda de mano de obra barata y vulnerable. Entre los muchos factores que aumentan la vulnerabilidad de las personas a la trata figuran la pobreza, la violencia y la discriminación”.
La vulnerabilidad en la que se encuentran muchas personas por la falta de alimentación, vivienda, educación, salud, trabajo, por la migración y el desplazamiento forzado, provoca que se conviertan en carne de cañón para los delincuentes.
La problemática es transversal, es importante trabajar en la prevención, y, además, apostarle a la reinserción de las personas que se encuentran privadas de su libertad. Es necesario evitar más delitos.
Diariamente miles y miles son víctimas de la trata de personas: niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos, adultos mayores. No podemos, ni debemos quedarnos con los brazos cruzados y dejar que los números de las víctimas crezcan, desde nuestras trincheras podemos contribuir. ¡La violación a los derechos humanos puede prevenirse!