Pedro Arturo Aguirre
La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) es una de las organizaciones internacionales más exitosas del mundo. Incluye a diez países de una zona tradicionalmente conflictiva. La ASEAN ha sido capaz de proporcionar mayor estabilidad en las relaciones entre sus miembros y le ha dado más peso internacional a una región asaz dispar integrando a naciones muy recelosas de su soberanía.
Pero presenta un “déficit democrático”. Los miembros o padecen regímenes abiertamente autoritarios, o son democracias “imperfectas” la cuales desde hace algún tiempo experimentan un deterioro constante.
Vivieron un periodo de renovadas expectativas democráticas tras acontecimientos como la caída del dictador Ferdinand Marcos en Filipinas y de Suharto en Indonesia. Pero con el nuevo siglo comenzó el declive al cual, entre otros factores, contribuye el descarado fomento de la autocracia por parte de China.
Laos y Vietnam se mantienen bajo el dominio de dictaduras de partido único formalmente de orientación comunista. Desde su independencia Singapur tiene un régimen autoritario donde la oposición política está limitada de facto. Brunéi sigue siendo una monarquía absoluta con un retrógrado sistema judicial con azotes y amputaciones como posibles castigos.
Camboya soporta al sátrapa Hun Sen desde hace casi cuatro décadas. En Myanmar el general Min Aung Hlaing gobierna a través del terror. En Tailandia la junta militar perpetra abusos generalizados contra los derechos humanos. China se ha convertido en patrocinador de casi todas estas dictaduras estableciendo con ellas amplios convenios de cooperación económica.
Malasia ha caído en una espiral de islamización mientras atenaza a minorías religiosas y étnicas. En Filipinas el sistema democrático se deterioró drásticamente cuando el caudillo populista Rodrigo Duterte asumió la presidencia en 2016 y ahora, en las elecciones presidenciales de este año, salió electo Ferdinand Marcos Jr. en fórmula con Sara Duterte, hija del expresidente. Obtuvieron una victoria aplastante en medio de un clima de desinformación generalizada, irregularidades electorales, supresión de la disidencia y asesinatos por motivos políticos.
En Indonesia Joko Widodo, conocido como Jokowi, ha pasado de representar una esperanza democrática a convertirse en un caudillo con pulsiones claramente autoritarias. Ha militarizado al país, reducido la independencia de la comisión anticorrupción, mandado aprehender a disidentes e impuesto censura de prensa. Ahora impulsa a su hijo como su posible sucesor.
Indonesia dejó de ser uno de los paradigmas de la democracia en la región y ahora se ha colocado claramente en la órbita de influencia de Pekín. China, el mayor socio comercial de la región, ha tomado fuerza frente al aparente desinterés por esta zona demostrado por Estados Unidos, sobre todo en el período de Trump. Mientras en el sudeste asiático impere la percepción de la superioridad del modelo autoritario chino será muy difícil reinvertir el declive de la democracia.