La CDMX es el espacio de las libertades. Cuenta con la sociedad más participativa, plural, inclusiva y consciente de la importancia de su ciudadanía y de sus derechos.
De los escombros de los sismos de 1985 nació la solidaridad social; la auténtica, la que surgió de la desesperación de tener a un familiar, a un vecino, a un conocido, debajo de miles de toneladas de escombros; solidaridad reafirmada en 2017, ante otro desastre de igual naturaleza y donde en esa ocasión los jóvenes tomaron las calles para ayudar.
Conciencia que nació de las organizaciones de vecinos en su lucha por una vivienda digna, de las aulas de la UNAM en defensa de la universidad pública, de las calles y plazas llenas en defensa del voto ciudadano. Ciudad que abrazó como suya la lucha por los derechos indígenas, la diversidad y el combate en contra de la violencia hacia las mujeres. Ciudad indignada por la desaparición de 43 jóvenes pobres, alumnos de una escuela rural y solidaria con los movimientos sociales.
Una sociedad que optó por la democracia y la izquierda en cuanto pudo elegir a sus representantes a pesar de sus regulares y malos gobiernos. Aquí fue el primer lugar del país en donde se establecieron los matrimonios de personas del mismo sexo y en donde la mujer pudo optar por la interrupción del embarazo. Una ciudadanía tolerante en donde en una misma avenida coinciden, sin violencia, manifestaciones de izquierda y de derecha.
El frenesí cotidiano, el estrés de la vida laboral, el corretear diariamente la tortilla, impide reconocer como se merece a la ciudadanía capitalina. La CDMX no es de un grupo, de un partido y mucho menos, de un líder. La Ciudad es fiel a ella misma, a su historia y a su gente.
Digo y escribo esto como marco, para saludar a los participantes a la marcha del orgullo gay de este año, que pintaron con los colores del arcoíris el Paseo de la Reforma y diría toda la CDMX. Una marcha festiva, de reafirmación de la identidad elegida por voluntad, un grito de libertad y de tolerancia.
La marcha de este año conservó su esencia, pese al intenso calor y a la nefasta actuación de personajes, partidos y grupos que han intentado sacar raja política o patéticamente pretendido ejercer una falsa representación de este movimiento.
La presencia de personas de la diversidad en ambas cámaras del Congreso de la Unión y en puestos de poder no expresan el avance de este movimiento. Simplemente, ponen de relieve la habilidad de la clase política para apropiarse una representatividad que no les corresponde. Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce, aunque se pinte de los colores del arcoíris.