Síguenos @ContraReplicaMX
Columnas
El Padre de Pueblos aparece con una corona de flores anaranjada alrededor del cuello. El Padre de Pueblos se deja fotografiar con una corona de flores amarilla, pero en la cabeza. El Padre de Pueblos se arrodilla frente a un representante de las poblaciones originarias en la toma de posesión. El Padre de Pueblos participa en una ceremonia de petición de permiso a la Madre Tierra, entre sahumerios, para que el Tren Maya no cause un impacto ambiental negativo. (Me pregunto si fue una propuesta de Elenita Álvarez Buylla, la jefaza de Conacyt, con esa cientificidad 4T). El padre de pueblos está amenazado por la brujería y por eso lleva amuletos en los bolsillos que le pone la Primera Poeta de la Nación. Y es que el Gran Tlatoani, que ya no se pertenece, que ya es uno con el Pueblo Bueno, tiene una sensibilidad bárbara para los rituales. Es el Motor Espiritual de la Patria. Es la Fe Encarnada de los Humildes.
Esta condición, tan celebrable, tiene sin embargo sus riesgos. Se los digo como va: me preocupan los temazcales. Me preocupa que nuestro Tlatoani se someta a una experiencia como esa.
La conozco porque me la aplicó mi camarada Cuitláhuac Bierhof, que viene de una familia alemana, próspera, de izquierdas y afincada en Tepoztlán, lo que te vuelve indefectiblemente propenso al indigenismo. Era mi cumpleaños 49, o sea que la historia tiene más de un año, pero ya se vislumbraba el cambio que traería la Utopía, el Reino de los Justos, a la tierra del águila y la serpiente. La 4T. “Esos saunas fresísimas que te gustan, pinche Justo —no se había impuesto aun el término fifí—, son cosa del pasado. Tienes que acercarte al pueblo, al México profundo”. La idea, sí, era meterse a un temazcal.
Es cierto, lo confieso, que pago un gimnasio caro, de esos con aparatos lujosos, regaderas a presión y saunas impecables con bonitas tablas de madera. Y es cierto que, hasta que el dermatólogo me dijo que a mi edad, con los problemas de piel y sobre todo de presión, es imperativo limitar esas experiencias al mínimo, disfrutaba de al menos tres sesiones semanales, que me daban la sensación de que el alcohol se iba en sudor, las grasas saturadas se reducían como tocino en la sartén y mis poros se destapaban.
De temazcales, nada. Hasta ese día. —López Obrador viene mucho por aquí, a un puesto de barbacoa —me dijo Cuit mientras se metía por un camino de terracería.
—¿Va a estar en el temazcal? —pregunté con una ingenua esperanza de que la experiencia al final valdría la pena: ah, compartir un iglú de adobe con el Gran Benefactor.
—No mames. Obvio no. Pero vas a pasar el mejor cumpleaños de tu vida.
Lo odié. Yo ansío igualmente volverme uno con el pueblo, pero cinco décadas de inmersión en la cultura hegemónica de Occidente me han insensibilizado para experiencias tan hermosas como pasar tres horas de deshidratación en traje de baño, entre olores de hierbas recalentadas, con una persona entonando cantos, rodeado de otros hombres sudorosos, en conversaciones eternas e íntimas porque el temazcal no es un sauna, es una experiencia espiritual, pasaron a decirme.
Al final, ya a la salida, antes de lograrme tomar la infusión con miel que alguien me puso en las manos, fui una de las dos personas que se desmayaron. Tengo una cicatriz en la ceja que me lo recuerda todos los días. Me caí, sí. En la foto que me hizo Cuitláhuac un rato después, mientras me recuperaba, ya sentado, todavía tengo el short remetido entre las nalgas.
Ojo: el San Francisco de Tepetitán, con esa beatitud, esa serenidad de supremo sacerdote, tiene una dignidad sobrenatural que sin duda puede con la sudoración profusa y unos shorts: me lo imagino perfectamente, con ese aura de pureza, saliendo del temazcal dispuesto a reponerse con una barbacoa. Tampoco me preocupa el desmayo: sabemos por un reportero lleno de dignidad e independencia crítica que es un un atleta de alto rendimiento, una especie de corredor keniano. Pero el compló fifí sigue acechando. Los medios están tomados por neoliberales ardidos y chayoteros que podrían usar esa muestra de espiritualidad, de humildad religiosa, como una prueba de que estamos gobernados con ignorancia, acientíficamente, sin respeto al conocimiento, entre golpes mediáticos patosos, chafones, populacheros, mientras le cerramos la puerta a las energías renovables, le cancelamos la cumbre a los alemanes y suprimimos la lana para las nuevas tecnologías.