Las calles de la ciudad de México serán visitadas por un sector de la población que no camina, que hace todavía tres años se pronunciaba furibunda por las marchas callejeras que le impedía llegar a tiempo al desayuno o a la comida con sus amigos.
Los panistas que antes querían hacer normas para “legalizar” las marchas callejeras, y delimitar un manfestódromo, ahora toman las calles para tratar de mostrar músculo.
Hay carencia de ideas y también de estrategias en una oposición que sólo tiene dos objetivos fundamentales: estar sistemáticamente en contra de algo o de alguien, o bien, apoyar sistemáticamente a alguien a algo. Tan simple como eso.
Para ponerle nombre: está contra del presidente de la república y del gobierno federal y a favor de Lorenzo Córdova y del INE, en ese orden. Porque esta marcha del domingo 13 de noviembre trata de consolidar el liderazgo del presidente consejero que se autodenomina representante de la inconformidad social que los partidos de oposición no pudieron representar ni en el Congreso ni en la calle.
Ahora que puede tener un líder, la oposición no sabe qué hacer con él. Porque está imposibilitado legalmente para convertirse en candidato con o sin partido para cargo popular alguno. Lo que a nadie parece indignar es que el protagonismo vacuo del árbitro electoral haya llegado a tal extremo de convertirse en un representante de la oposición, que por años había carecido de alguien que pudiera aglutinar la inconformidad,
que no varía de ideas ni nombres ni de personas. Son siempre los mismos con diferente pretexto en las calles. La diferencia es que ahora
quieren sumarse a las calles quienes veían las manifestaciones desde la televisión y querían cancelarlas.
Esa parte de la oposición no necesita visualizarse los hace todos los días en sus medios, lo que requiere es consolidar un rechazo y ponderar a un líder, que ni siquiera es conocido por el grueso de la población. Es famoso en el mismo núcleo de personas de siempre, son los mismos, que, además, no son muchos.
Marchan en defensa de la inmovilidad de las instituciones de las que se enorgullecían tanto y que no eran rincones de corrupción, como ahora lo es el INE. No conocen el contenido de la reforma electoral, pero son fanáticos de la inmovilidad, como buenos conservadores.
La politización de la sociedad es un hecho, aunque algunos escogen el camino más corto y no es el más ilustrado; sin embargo, la sociedad, en esos mismos sectores, insisten en llamarle a la conciencia política polarización.
Para los conservadores las marchas son prueba de polarización, y en su énfasis se incorporan a lo que desconocen, y no se atreven a llamarle por su nombre, sobre todo ante el reducido vocabulario político que poseen.