Una vez más, la violencia desmiente los discursos de seguridad y paz social en Zacatecas, las imágenes de cinco cuerpos colgados de un puente vehicular en Pozo de Gamboa, como parte de diez personas ejecutadas en los municipios de Pánuco, Morelos y Sain Alto, entre ellos un ex Alcalde de Sombrerete, coloca nuevamente al estado gobernado por Morena, en el centro del debate sobre la inseguridad pública en México.
Las estremecedoras imágenes recorren el país y no puede interpretarse como un hecho aislado. Aunque las autoridades estatales han sostenido durante meses que diversos indicadores delictivos muestran una tendencia a la baja, la terca realidad demuestra que la violencia del crimen organizado no desaparece por decreto ni por estadísticas favorables.
Basta una jornada como ésta para exhibir que los grupos criminales conservan capacidad operativa, poder de fuego y, sobre todo, la posibilidad de enviar mensajes de terror con absoluta crudeza.
La última Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública(Envipe) reportó que ocho de cada 10 adultos en Zacatecas se siente inseguro, una cifra impulsada por el miedo a la violencia en las carreteras federales y las zonas rurales de la entidad. La región que abarca los municipios de Pánuco, Morelos y Saín Alto es una zona estratégica de tránsito que se disputan: el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación.
Los cuerpos colgados de un puente no representan únicamente homicidios. Son una forma de comunicación criminal. Constituyen un mensaje dirigido a organizaciones rivales, a las autoridades y a la población. Es una demostración pública de fuerza cuyo propósito es sembrar miedo y dejar claro quién controla determinado territorio. En este caso, como en otros, el Estado no logró impedir que ésta escena ocurriera.
No es casual que Zacatecas haya sido, durante los últimos años, uno de los escenarios más violentos del país. Su ubicación geográfica lo convierte en un corredor estratégico para el trasiego de drogas, armas, personas y mercancías ilícitas hacia el norte del territorio nacional.
La presencia de un exalcalde, funcionarios, empresarios mineros y de la construcción, entre las víctimas, añade un elemento preocupante. Sin adelantar conclusiones sobre los móviles del crimen, el asesinato refleja el grado de vulnerabilidad que enfrentan quienes han ocupado y ocupan posiciones de poder local.
El gobierno federal insiste en que la estrategia de seguridad está dando resultados y que existe una reducción sostenida en distintos delitos de alto impacto. Es posible que algunos indicadores respalden esa afirmación. Sin embargo, la percepción ciudadana difícilmente cambia cuando episodios como el de Zacatecas ocupan las portadas nacionales y muestran niveles extremos de violencia.
Así las cosas, La pregunta de fondo sigue siendo la misma que México se hace desde hace décadas: ¿cómo impedir que los grupos criminales sigan disputando territorios mediante el terror?
@guillegomora