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La trampa al Ejército

La trampa al Ejército

Columnas miércoles 12 de octubre de 2022 -

El gobierno no tardó ni dos semanas en doblegar a algunos senadores de oposición, con amenazas públicas o privadas incluidas, para autorizar constitucionalmente la presencia del Ejército en las calles hasta el 2028, y con ello atar de manos al próximo gobierno, gane quien gane. Pero lo peor es que las consecuencias no las sufrirán quienes votaron por ello: esas personas viven en otra realidad, escoltados por guardaespaldas y con la capacidad económica para vivir cómodamente en cualquier rincón del mundo. Y si no, veamos cómo vive el presidente Peña en España o la familia Duarte en Londres. Quienes pagarán esta terrible decisión con detenciones arbitrarias, abusos de autoridad o desapariciones forzadas, seremos la inmensa mayoría de la población, y este es el principal riesgo de lo recién aprobado. ¿Pero esto podría sonar exagerado? Veamos.

Ninguna institución que se controla a sí misma está exenta de corrupción. Al iniciar este sexenio, al preguntarle a un funcionario de Sedena su opinión sobre la desaparición de la Policía Federal, escuetamente me dijo: “se lo merecieron por corruptos”. Documentados hoy los abusos de autoridad del Ejército, sabemos que la corrupción también tiene sus fueros en los altos mandos castrenses. Enriquecimiento inexplicable, acoso y asaltos sexuales contra mujeres militares exhiben que cualquier institución sin mecanismos de control se autodestruye. Ni la institución pública más antigua de Occidente, la Iglesia Católica, hubiera podido sobrevivir sin mecanismos internos para controlar y erradicar malas prácticas de sus integrantes.

Las tareas encomendadas al Ejército son una trampa mortal para sí mismo. En la historia reciente de México, nunca como hoy más personas han sido detenidas en nuestra frontera norte, asesinadas o desaparecidas como ahora, y hoy el Ejército es el principal responsable de la política migratoria y seguridad del país. Si sus números son tan deficientes, ¿por qué el gobierno insiste en tenerlos más tiempo en tareas para las que no fueron entrenados? Porque tal vez el siguiente paso sea desaparecerlos en la Guardia Nacional, hecha a imagen y semejanza del presidente como instrumento de control. Así se olvidarán rangos, jerarquías, reescribiéndose la historia del Ejército vigente desde 1913. Ya sin “controles” del “viejo régimen”, el pueblo uniformado podrá fusionarse con el pueblo criminal que asola miles de comunidades en el país, para establecer una pax criminal nacional.

Que quede claro: criticar las instituciones es vital en cualquier democracia. Esto no es una agresión en contra de las miles de mujeres y hombres que nos cuidan uniformados de verde o gris. Esas personas anónimas que trabajan en condiciones de precariedad y vulnerabilidad constante, necesitan mejores instituciones que los protejan, para que puedan protegernos. Callarnos no es opción, porque ello puede implicar silenciarnos para siempre. Y cuando pasa eso, el exilio es la única alternativa para sobrevivir. No lleguemos a eso.


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