En 2021, Cerveza Corona fue reconocida como la primera marca mundial de bebidas en lograr una huella de plástico neta cero. De acuerdo con información de la compañía cervecera, Corona “una marca que nació en la playa y que está profundamente conectada con la naturaleza, tiene la responsabilidad de hacer todo lo posible para ser un aliado de nuestro medio ambiente y océanos”.
Puede ser cierto: el consumo de plástico de la empresa pudo haber bajado, sin embargo sigue depredando el agua en México. El reconocimiento hecho a la empresa cervecera, contrario a su planteamiento medioambientalista, omite que una de sus plantas productoras se ubica en Zacatecas, un estado con graves problemas en escasez de agua. Actualmente el estado tiene un déficit de agua de 380 millones de metro cúbicos y de los 34 acuíferos existentes en el territorio zacatecano, 21 están sobreexplotados. Estudios de la Organización Mundial de la Salud señalan que, en una década, Zacatecas podría pasar al umbral de penuria, por debajo de mil metros cúbicos de agua por habitante al año, insuficiente para las necesidades humanas básicas.
De igual manera (reconocida por su labor ambientalista en 2019), en el estado se ubica la Mina Peñasquito, una de las minas de oro más grande del mundo. Asentada en la comunidad de Cedros del municipio de Mazapil, propició la extinción de norias, pozos y el manantial debido a las concesiones para extraer agua que contrajo durante el periodo de Felipe Calderón. Esta mina, de capital canadiense estadunidense, tiene concesionada la misma cantidad que se utilizaría para dotar de 68 litros de agua a cada habitante de Zacatecas durante un año, de acuerdo con investigaciones hechas por Mónica Cerbón y Thelma Gómez.
Durante el periodo neoliberal se entregó uno de nuestros bienes más preciados. El agua pasó de ser un derecho a una mercancía al servicio de los grandes capitales. La Ley de Aguas Nacionales de 1992, puso en manos del mercado el agua de todas y todos los mexicanos. Fue entregada y empleada en dinámicas de sobreexplotación, acaparamiento, despojo, privatización, contaminación, corrupción y vulnerabilidad ante sequías e inundaciones. Reiteramos: el agua es utilizada como mercancía. Al menos en las ciudades, es cada vez más difícil solicitar un poco de agua, sin costo. La presentación del agua es en botella de pet lo cual produce una cantidad inmensa de basura y pone precio al derecho humano.
Nos hemos enfrentado y acostumbrado a una política privatizadora y de despojo de tierra y de agua. Las aguas de los ejidos y de las comunidades indígenas, dado que no están registradas, ha permitido el despojo de las mismas para ponerla en unas pocas manos que impulsan prácticas de mercado acaparador de derechos.
Hoy estamos en la segunda mitad del gobierno de la Cuarta Transformación y las principales reformas están pendientes. Se trata de los temas sustantivos, los temas de la vida: la reforma del agua, la reforma para la alimentación sana, nutritiva y sin pesticidas contaminantes y la reforma agraria para restituir la tierra a sus legítimos dueños.
Son reformas trascendentes para la vida, pero también las que más ataques recibirán porque se ponen en riesgo las grandes fortunas, ganancias y recursos que por años, y en contubernio con los malos gobiernos, los grandes capitales han acaparado.
Es nuestro compromiso con la patria, con la tierra, con las y los campesinos, pero sobre todo con la vida legislar y lograr que regresen a ser derecho de todas y todos los mexicanos los recursos que nos da nuestra madre tierra. La Ley General de Aguas es un esfuerzo colectivo de mujeres, hombres y organizaciones que han dado su vida por lograr revertir la grave crisis que enfrentamos.
Esta iniciativa tiene por objetivo promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos al agua y al saneamiento, además de establecer principios para una gestión y aprovechamiento integral sustentable y equitativo de el agua en el territorio nacional y la conservación de los ecosistemas y sus servicios hidrológicos. Para alcanzar tal fin es necesario establecer instrumentos y procedimientos para la participación de los tres niveles de gobierno.
Así mismo, busca garantizar el acceso universal, equitativo y sustentable del agua y garantizar su uso y disfrute preferente a los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas. En su administración, monitoreo y regulación la iniciativa establece mecanismos de transparencia, acceso a la información y rendición de cuentas del sector hídrico.
Luchar por el agua es luchar por el derecho a la vida, por el derecho de los pueblos a existir y fortalecerse, es luchar por el derecho a vivir una vida sana, es la lucha por la soberanía alimenticia. La lucha por el agua es la lucha por la patria. Es darle rostro a una lucha que necesita nuestra historia para mantener viva la construcción de México. El derecho al agua es de todas y todos los mexicanos. Es nuestro deber defender el vital líquido, pues el destino nos ha puesto en el momento de definir la existencia del pueblo por encima del capital.