El petróleo nos ha ayudado mucho en los últimos 170 años. Gracias a la “química del petróleo” que nos provee combustibles fósiles (gas, gasolinas, aceites, ceras y la pez). En 1920, nace la industria petroquímica que transforma derivados del petróleo y gas natural en materias primas fundamentales para la vida moderna, incluyendo plásticos, fibras sintéticas, fertilizantes, cauchos y productos farmacéuticos. De manera que llevamos más de 105 años petrolizando la economía global porque la industria petroquímica se conviertió en el principal motor económico mundial que impulsa la construcción, la industria de comida procesada, industria química, farmacéutica, automotriz y agricultura.
Pero este “progreso” no ha sido gratuito. Los costos totales de degradación ambiental y daños a la salud de la industria petrolera del planeta son incalculables. El 85 % de la contaminación atmosférica global está generada por la quema de combustibles fósiles y los daños a la salud de los seres humanos cobra diariamente decenas de muertes prematuras. Me referiré al excelente documento publicado el 11 de noviembre de 2019, por la Revista Internacional de Investigación en Salud Ambiental. Denominado “El efecto de la exposición al petróleo crudo en el sistema inmunitario. Implicaciones para la salud de las personas que viven cerca de zonas de exploración petrolera”. Sus autores son Pauline McLoone, Olzhas Dyussupov, Zhaxybek Nurtlessov, Ussen Kenessariyev y Dinara Kenessary de la Facultad de Medicina de la Universidad Nazarbayev, Astana, Kazajistán y del Departamento de Higiene General y Ecología, Universidad Nacional Médica de Kazajistán, Almaty, Kazajistán. Traduzco parte de su resumen: “Las personas que residen cerca de zonas de exploración petrolera pueden estar expuestas a toxinas provenientes de llamaradas de gas o derrames de petróleo.
El impacto de dichas exposiciones en el sistema inmunitario humano no se ha investigado completamente. En esta revisión, se evalúa la investigación que estudia los efectos del petróleo crudo en el sistema inmunitario. En animales, el efecto de la exposición al petróleo crudo sobre el sistema inmunitario depende de la especie, la dosis, la vía de exposición y el tipo de petróleo. Entre las consecuencias se incluyen: cambios hematológicos que provocan anemia y alteraciones en el número de glóbulos blancos, atrofia de ganglios linfáticos y bazo, genotoxicidad en las células inmunitarias, modulación de la expresión génica de citocinas y mayor susceptibilidad a las enfermedades infecciosas. En humanos, existen informes que indican que la exposición al petróleo crudo puede aumentar el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer, causar inmunomodulación y asma. Trastornos cutáneos, diarrea, conjuntivitis, afecciones respiratorias, anemia, leucemia y defectos congénitos. El petróleo crudo contiene componentes tóxicos: hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), incluido el benzo(a)pireno, altamente cancerígeno; benceno; tolueno; xileno; plomo; níquel; cadmio; azufre y sulfuro de hidrógeno. La quema de gas asociado a la producción de petróleo libera partículas, benzo(a)pireno, dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno, benceno, tolueno, xileno y sulfuro de hidrógeno.
*Carlos Alvarez Flores, Presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C.
Experto en Gestión de Residuos y Cambio Climático
www.carlosalvarezflores.com y “X” @calvarezflores