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Los escritores de agosto

Los escritores de agosto

Columnas martes 18 de agosto de 2020 - 01:00

En agosto hay dos efemérides de dos escritores argentinos muy conocidos (tan conocidos que estoy pensando que sería mejor no escribir esto, pero haré como si no lo supiera).
El 24 de agosto de 1899 nació Jorge Luis Borges, en Buenos Aires; y el 26 de ese mes, pero de 1914, Julio Cortázar, en Bruselas (es argentino porque su madre y su padre tenían esa nacionalidad; su padre era en ese momento parte de la representación diplomática en Bélgica). La obra de ambos escritores está compuesta, principalmente, por cuentos.
Borges, hasta donde sé, no escribió ninguna novela y, si alguien sabe que estoy equivocado, por favor avíseme, se lo agradecería mucho. Lo que sí compuso fue poemas.
En cuanto a Cortázar, son más los volúmenes de cuentos que publicó, que las novelas que escribió.
La manera en que me acerqué a la obra de Borges fue curiosa, pues me llamó la atención un título, Historia universal de la infamia, del cual no recuerdo ya casi nada, lo que sí tengo en la memoría, son dos narraciones: una donde se trata de Billy The Kid (“El asesino desinteresado Bill Harrigan”) y otra que se llama “Hombre de la esquina rosada”; está última la recuerdo porque me hizo imaginar exactamente el habla de los lugareños a qué se refiere Borges en ese cuento.
Pero leamos lo que él mismo Borges dice de su Historia universal de la infamia en el prólogo a la primera edición:
“Los ejercicios de prosa narrativa que integran este libro fueron ejecutados de 1933 a 1934. Derivan, creo, de mis relecturas de Stevenson y de Chesterton y aun de los primeros films de von Sternberg y tal vez de cierta biografía de Evaristo Carriego. Abusan de algunos procedimientos: las enumeraciones dispares, la brusca solución de continuidad, la reducción de la vida entera de un hombre a dos o tres escenas. (Ese propósito visual rige también el cuento “Hombre de la Esquina Rosada”). No son, no tratan de ser, psicológicos”.
Creo que en ese prólogo Borges nos dice cuál es la materia prima y el procedimiento para contar sus historias.
Recuerdo que Borges me hizo buscar los autores y obras que menciona en sus narraciones, pero en la mayoría de los casos no existen, son inventadas; cuando me enteré, quise reírme, pero me dio coraje haber creído en lo dicho por un cuentista.
En una de esas búsquedas sí encontré a Gershom Scholem, a quien menciona en el poema “El golem” y leí dos de las obras de este autor.
En cuanto a Cortázar, parece que en el tiempo en que lo leí sus narraciones estaban de moda, recuerdo sobre todo el primer cuento que leí de él, “La noche boca arriba”, que forma parte del volumen 1 de Los relatos, colección publicada por Alianza Editorial.
Lo más encomiable de Cortazar es su estilo, pues cualquier fragmento es redondo, como si fuera el germen del cuento: “«Huele a guerra», pensó, tocando instintivamente el puñal de piedra atravesado en su ceñidor de lana tejida”, dice el protagonista de “La noche boca arriba”.
Puede uno abrir sus textos en cualquier parte y siempre encontrará frases bien construidas, que incluso pueden disfrutarse sin el resto de la obra.
Otro de los cuentos que recuerdo es “El perseguidor” –volumen 3 de la colección–, donde Cortázar, aficionado al jazz, construye al protagonista a partir de Charlie Parker, según la dedicatoria al principio, que dice: In memoriam Ch. P.

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/CR

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