La opinión pública concentra su atención en temas políticos que la distraen de las verdaderas preocupaciones y sus efectos en la vida diaria. La reforma electoral de la 4T llena los espacios noticiosos, así como la lucha interna entre personajes del partido en el poder, los pleitos y cuestionamientos contra la oposición y los gobernadores no alineados. La politización de lamentables casos policiales también salta a la palestra para operar venganzas políticas. Al pueblo pan y circo.
¿Quién habla de inseguridad, inflación, el costo de la canasta básica, el desempleo, las negociaciones sobre el T-MEC y el riesgo de recurrir a los paneles internacionales con la obligación de pagar millonarias indemnizaciones? Nadie piensa en las consecuencias sobre el bolsillo de los mexicanos por el crecimiento cero al final del sexenio. Esos son los problemas que debieran preocuparnos y ocuparnos.
También está el futuro de nuestra imperfecta democracia. Peligra la ciudadanización de los procesos electorales, se pretendería el regreso a los comicios organizados por el gobierno mismo, lo que garantiza el triunfo de los candidatos oficiales -como en los tiempos del priato-, y se busca consolidar el nuevo partido de Estado. Por ello, las voces que se manifestarán el domingo en apoyo al árbitro electoral resultan incómodas y son objeto de descalificaciones e insultos. Es vergonzoso ver el nivel de discusión de los legisladores de la 4T; quienes denigran la función parlamentaria y también agreden a quienes apoyan la actual estructura electoral. Así se quiere minimizar una expresión ciudadana que desea defender al INE. También está el controvertido informe del caso Ayotzinapa y las acusaciones penales en contra del subsecretario de Gobernación, a quien arropa la propia presidencia; por eso usan como distractor el desprestigio de quienes se pronunciarán el domingo. Hay que evitar el desgaste y desprestigio del funcionario federal. Pero hay otros eventos histriónicos que ocultan las verdaderas crisis estructurales. El enfrentamiento entre el senador Ricardo Monreal y Layda Sansores, que se sube al ring para deshacer reputaciones -con instrumentos ilegales-, y ponerse al servicio de sus jefes políticos.
También están los señalamientos a los gobernadores de oposición y descalificaciones a quienes contradicen los deseos presidenciales. Al pueblo pan y circo; entretengan a la gente con vodeviles políticos baratos, exhibamos las miserias del enemigo y las propias, lo importante es que la gente no tenga tiempo de reflexionar sobre lo que realmente es importante. Que no se cuestione el cierre de guarderías, la falta de apoyo a madres trabajadoras, las escuelas de tiempo completo, el desabasto de medicinas, el deficiente servicio en el sector salud -que en nada se parece al de Dinamarca-, la falta que hace el seguro popular.
Ni hablar del crecimiento económico que será de cero, porque, aunque se espera una pobre recuperación que no empata el decrecimiento del 8 por ciento en 2020. Cada vez ponen más trabas a la inversión privada, sobre todo extranjera, el mensaje que manda el gobierno es de incertidumbre, ¿cómo generar empleo si se abate la confianza empresarial?
Esos son los verdaderos problemas nacionales, no la guerra sucia entre las corcholatas de Morena, no las descalificaciones a la oposición. El gobierno mismo debiera estar preocupado por reactivar la economía, o ¿cómo piensa financiar los subsidios que otorga a través de los programas sociales a los viejitos y a los ninis, si ya no hay dinero de fondos y fideicomisos?