Durante su participación en la cumbre del G7 en Hiroshima, el ex presidente brasileño, Lula da Silva, hizo hincapié en la importancia de no formar bloques antagónicos y de considerar las preocupaciones de los países emergentes en la gobernanza global.
Lula destacó el "retroceso" en la Organización Mundial del Comercio (OMC) sin mencionar específicamente a Estados Unidos, y señaló que convocar a los países emergentes para abordar las crisis mundiales sin atender sus inquietudes y sin una representación adecuada en los principales órganos de gobernanza carece de sentido.
El líder brasileño defendió una reforma profunda de instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Consejo de Seguridad de la ONU. Utilizó el ejemplo de Argentina para resaltar las consecuencias sociales de las políticas de ajuste impuestas por el FMI y destacó la importancia de que esta institución considere dichas consecuencias.
En una sesión de trabajo sobre sostenibilidad, Lula criticó a los países desarrollados por incumplir sus promesas. Se refirió al Protocolo de Kioto como una muestra de la falta de acción colectiva y exigió que los países ricos cumplan su compromiso de destinar 100.000 millones de dólares anuales a la acción climática, tal como se acordó en la cumbre de Copenhague.
Lula también ofreció a Brasil como líder en cuestiones medioambientales, resaltando la solidez de las credenciales del país en esta área y destacando la limpieza de su matriz energética. Expresó el deseo de liderar el proceso que permitirá salvar el planeta en términos ambientales.