@onelortiz
https://youtu.be/srcqVWrVZbY?si=I6tCz7FltEXOOIhf
A Alejandro Moreno le salió del alma decir: “A los periodistas no hay que matarlos a balazos, hay que matarlos de hambre, papá”. Es una frase que expresa, con toda su crudeza y desfachatez, dos, pero no todos, de los riesgos de la libertad de expresión en nuestro país: la violencia del crimen organizado y de algunos políticos hacia periodistas, y ahora también hacia influencers; la otra, la pauperización del trabajo periodístico, con sueldos que impiden a articulistas, columnistas y fotógrafos tener un ingreso digno que les permita solventar todas sus necesidades de manera adecuada.
Otras amenazas a la libertad de expresión son la autocensura. Los periodistas y columnistas ya sabemos que ciertos temas y ciertos personajes no deben ser motivo de nuestro trabajo, porque simplemente nuestras casas editoriales no los publicarán por sus intereses comerciales o políticos. Incluso, en nuestras propias redes sociales varios temas están prohibidos, algunos contenidos son bajados y otros, simplemente, el algoritmo no los difunde. Una amenaza más es la sobreproducción de contenidos, muchos de ellos ya elaborados con inteligencia artificial, sin ningún rigor metodológico o ética periodística, que propagan rumores y noticias falsas.
Estos hechos, particularmente la violencia y el asesinato de comunicadores, han convertido a México en el país más peligroso para ejercer el periodismo sin una guerra declarada. Por eso sorprende, extraña y molesta que algunos miembros de Morena hayan tenido el poco criterio de proponer o insinuar la integración de listas de medios supuestamente enemigos del gobierno.
Lo hizo la gobernadora de Campeche, actualmente de shopping en España; lo intentó el gobernador de Puebla, pero reculó ante la presión mediática; lo hizo el de Oaxaca después del terrible asesinato de Alejandro Leyva; lo insinuó la gobernadora de Veracruz, pero afortunadamente ya desistió; lo hizo la consejera jurídica de la Presidencia al explicar el ecosistema digital que, según ella, provoca una percepción negativa hacia el gobierno, sobre lo cual tuvo que dar múltiples explicaciones.
Integrar una lista de periodistas y medios de comunicación como enemigos del gobierno no es solamente un acto administrativo o político, sino un hecho que pone en riesgo el patrimonio, el trabajo y hasta la vida de los que la integran. En lo que va de este año, siete periodistas han sido asesinados.
Espero que estos representantes del partido de la mayoría recapaciten, que no olviden la máxima de Andrés Manuel López Obrador de “prohibido prohibir”. Están en esos cargos para responder las preguntas de los ciudadanos y de los periodistas, aunque éstas puedan ser incómodas.
La prensa crítica ayuda mucho más al gobierno que los propagandistas y apoyadores. El problema es que nuestros políticos son demasiado débiles ante los sentimientos de las redes sociales.
Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce.