“La felicidad es: realizar un sueño infantil”
Sigmund Freud
Pareciera ser una verdad de Perogrullo, pero resulta necesario recordar que los partidos políticos, hoy por hoy, son una de las instituciones que se encuentran más devaluadas en México. Lo grave de este asunto es que a la mediana credibilidad se le agrega que las candidaturas se siguen repartiendo con lógicas que, nada se aproximan a la democracia que dicen representar a ultranza.
Bajo estas circunstancias no es extraño que los partidos políticos se encuentren en el último peldaño en la escalera de la confianza ya que 7 de cada 10 mexicanos (INEGI, 2020 en ENCUCI/INEGI, 2021) dijo confiar poco o nada en estos institutos que desde 1911 pueblan el territorio mexicano. Dentro de este mismo universo, 5 de cada 10 saben que la democracia es uno de los regímenes de gobierno menos malo, pero solamente 1 se encuentra satisfecho con vivir bajo el régimen que basa sus decisiones en voz de la mayoría.
Quizá es porque entre los que aspiran a un cargo público a través de los partidos, son en su mayoría sujetos de “poca monta” que nada saben sobre política; en caso de duda se podría preguntar al “gladiador” Alfredo Adame o al “mi rey” Roberto Palazuelos (que, por cierto, poco les duró el gusto de ser nominados para representar una franquicia electoral). Bien decía la abuela: “la burra no era arisca, la hicieron”. En pocas palabras, la gente no se siente representada por la pléyade de petimetres trasnochados.
Si el llamado a voto llega a manifestarse en forma racional en las próximas elecciones que se celebrarán en: Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas; se espera que la participación no supere el 30% de los ciudadanos en capacidad de decidir. Resulta claro, por tanto, que la falta de credibilidad tiene mucho que ver con la capacidad de metabolizar resultados que eleven la calidad de vida del “ciudadano de a pie”.
A estas fechas (marzo 2022), si algo está claro en términos electorales es que, el próximo ganador promovido por los partidos sería con márgenes muy reducidos; la cuestión es qué tanta legitimidad tendría un resultado así, pese a lo significativo de la participación ciudadana, el fantasma del abstencionismo para este año electoral, será una constante.
Lo cierto es que el pueblo elige a las élites gobernantes entre las élites de los partidos, de tal manera que este escenario nada tiene que ver con lo que pudiese considerarse como sentir popular y de representación comunitaria.
Es por ello que, Manuel García Pelayo en su texto “El Estado de Partidos” postulaba seis variables que deben ser exigidas a las costosas instituciones “democratizadoras”, a saber:
1. Movilizar las masas para su participación e integración en el proceso democrático.
2. Sólo los partidos pueden cumplir la función de transformar las orientaciones y actitudes políticas generales sentidas por ciertos sectores de la sociedad en programaciones de acción política nacional.
3. Definidas y seleccionadas las demandas surgidas de los electores los partidos pueden integrarlas y sistematizarlas en programas coherentes de acción con las correspondientes prioridades.
4. Para que el elector pueda ejercer con una mínima racionalidad su derecho de sufragio, es necesario que se disponga de cierta información sobre los problemas nacionales o sobre los que afectan directamente a ciertos sectores sociales y los partidos deben facilitar herramientas de análisis para comprender los ecosistemas políticos del país.
5. Salvo la democracia directa, régimen que según Rousseau ni ha existido nunca, ni existirá jamás, el poder político ha sido y será siempre ejercido por unas minorías.
6. Los partidos ofrecen a los electores su potencial organizativo, su capacidad para articular una pluralidad de recursos personales y materiales para la consecución de unos objetivos que en este caso son, la satisfacción de ciertas demandas u orientaciones potenciales del electorado.
Naturalmente, hace falta un ejercicio crítico al interior de los partidos, las circunstancias actuales así lo exigen y se requiere de voluntad de cooperación para reducir las asimetrías que se han producido por la falta de credibilidad en estas entidades de interés público llamados partidos políticos; de no hacerlo así se pueden generar graves consecuencias para la vida democrática de México. Al tiempo.
REFERENCIA
ENCUCI-INEGI. (2021, 24 de marzo). Partidos políticos, los que menos confianza inspiran. El Economista. https://www.eleconomista.com.mx/politica/Partidos-politicos-los-que-menos-confianza-inspiran-20210324-0163.html