La Policía Federal (PF) se extinguió y muy pocas personas e instituciones la defendieron. Los partidos en cuyos gobiernos se creó y desarrolló hicieron muy poco por evitar esa catástrofe, justificando su voto por su desaparición para “evitar que el presidente se desentendiera de la inseguridad”. Peor aún, en el debate legislativo, y luego administrativo, no hubo justificación sostenible respecto a los beneficios de la Guardia Nacional (GN) sobre la PF.
La GN ha perpetuado y profundizado el maltrato institucional al personal militar y ha hecho todo lo posible por correr al personal civil que aún existe en sus filas. La reforma constitucional que le dio origen fue burlada, o tal vez no; porque parece que el plan gubernamental siempre fue tener a la GN como un brazo más del Ejército.
Hoy pesa más, y cada vez será peor, la conveniencia, ingenuidad, o zalamería de los legisladores federales y locales que respaldaron este despropósito institucional. Porque los que hoy son alcaldes, gobernadores, o suspirantes a algún cargo, hace un par de años dieron un cheque en blanco al presidente; y a pesar de tener gobiernos locales y millonarios presupuestos para evaluar y demostrar el desastre gubernamental en tarea de seguridad, al día de hoy no han socializado una propuesta que haga contrapeso a la futura iniciativa presidencial que dará todo el poder a las Fuerzas Armadas (FFAA) en tareas de seguridad pública. Por esa visión cortoplacista, dichas organizaciones políticas se hacen más y más pequeñas.
Como la vida es corta y el tiempo pasa, debemos como sociedad pensar y actuar ya si queremos o no una Guardia Nacional militarizada. Por mi parte es un rotundo no. La GN debe desaparecer y debe retomarse el proyecto de una policía civil con capacidad de respuesta en todo el país. Deseo que las FFAA se enfoquen en cuidar nuestro espacio aéreo, nuestro mar territorial, y estén capacitadas para enfrentar una invasión, que hoy parece impensable, pero imaginemos dos escenarios: ¿qué pasaría si milicias supremacistas incursionaran en México o se bombardearan puntos estratégicos, tal y como se hizo público hace unos meses?, ¿o cómo reaccionaríamos si organizaciones criminales aliadas de gobiernos extranjeros controlaran nuestros puntos de entrada para traficar drogas, armas y personas? Tal vez el ingenuo sea yo, y necesitemos de escándalos internacionales para saber qué pasa en nuestro país.
En cualquier caso, todas las personas podemos hacer algo. Propongo que presionemos a las legisladoras y legisladores federales de oposición para que resistan al deseo gubernamental de formalizar la permanencia de las FFAA en tareas de seguridad pública. Y a los que conocemos en el Gobierno Federal en cargos de responsabilidad política, que no olviden que son sustituibles.
PD: Por las personas desplazadas en México y el mundo, dona a: Cáritas https://bit.ly/3uBn3W9, ACNUR https://bit.ly/3qOvT1T).