Jaime Arturo Ruiz | @
jaimeruizmxjaime@primermovimiento.com
- A medida que el parque de vehículos eléctricos (VE) crece en México y en el mundo, también se vuelve más relevante la pregunta sobre qué hacer con sus baterías una vez que dejan de cumplir con los exigentes requerimientos de la movilidad.
- En ese contexto, la reutilización de baterías de VE en bancos de almacenamiento de energía se perfila como una solución estratégica para extender su valor de uso, reducir impactos ambientales y avanzar hacia una economía circular en el sector energético.
De acuerdo con una investigación reciente desarrollada por VEMO y REMSA, una parte significativa de las baterías que alcanzan el final de su vida “automotriz” aún conserva capacidad remanente suficiente para ser integrada en aplicaciones estacionarias.
Estas baterías, correctamente evaluadas y reacondicionadas, pueden utilizarse en sistemas de almacenamiento de energía para respaldo, gestión de demanda, arbitraje energético o como complemento de proyectos de generación renovable, incluyendo electrolineras y centros de carga para flotas.
¿Cuándo una batería es candidata a una segunda vida?
En términos generales, una batería puede considerarse apta para una segunda vida cuando ya no cumple con los estándares de desempeño requeridos por un vehículo eléctrico —principalmente en autonomía y potencia—, pero mantiene un nivel de capacidad residual funcional.
Comúnmente se menciona un rango de entre 70 y 80% de capacidad como referencia, aunque este umbral no es absoluto y depende de factores como la química de la batería, su diseño, el historial de uso, los ciclos de carga y descarga, así como su estado real de salud (State of Health, SOH).
Antes de cualquier reutilización, las baterías deben pasar por procesos rigurosos de diagnóstico, clasificación y validación técnica. Este paso es clave para garantizar que solo aquellas unidades que cumplen con criterios estrictos de seguridad y confiabilidad sean integradas en sistemas estacionarios.
Bancos de almacenamiento de energía: cómo funcionan
Las baterías reutilizadas pueden integrarse en Sistemas de Almacenamiento de Energía en Baterías (BESS, por sus siglas en inglés), cuya función es almacenar energía para liberarla cuando se requiere. Estos sistemas están compuestos por módulos o packs de baterías, sistemas de conversión de potencia —como inversores y convertidores— y plataformas de control y monitoreo que permiten gestionar el flujo de energía de manera segura y eficiente.
El whitepaper
“Gestión de baterías de vehículos eléctricos en América Latina”, elaborado por
VEMO y
REMSA, detalla que los BESS pueden destinarse a múltiples aplicaciones: desde respaldo energético en instalaciones críticas, hasta la integración con fuentes renovables como la solar o la eólica. Una de las aplicaciones más relevantes es el arbitraje energético, que consiste en cargar las baterías durante periodos de baja demanda —cuando el costo de la electricidad es menor— y utilizar esa energía en horarios pico, reduciendo costos y presiones sobre la red eléctrica.
En infraestructura de recarga y operación de flotas, estos esquemas pueden traducirse en ahorros operativos significativos, especialmente cuando se combinan con generación renovable in situ.
Viabilidad técnica y seguridad: factores clave
La reutilización de baterías no es un proceso automático ni universal. Su viabilidad depende de múltiples variables técnicas, entre ellas la química de la batería, el diseño del pack, su estado de degradación y la capacidad de integrar sistemas de gestión y monitoreo adecuados. La segunda vida de una batería requiere trabajo especializado en diagnóstico, reacondicionamiento e integración, así como el cumplimiento estricto de parámetros de operación segura.
VEMO y REMSA subrayan que la gestión de baterías al final de su vida útil, ya sea para reutilización o reciclaje, debe realizarse de forma responsable y conforme al marco normativo vigente. En México, la identificación de residuos peligrosos se rige por la NOM-052-SEMARNAT-2005, mientras que la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos (LGPGIR) establece las obligaciones y lineamientos para su manejo, almacenamiento y prevención de riesgos.
Un paso hacia la economía circular energética
La reutilización de baterías de vehículos eléctricos en sistemas de almacenamiento estacionario representa una pieza clave para construir un modelo energético más sostenible. Cuando se implementa con criterios técnicos, trazabilidad y altos estándares de seguridad, esta práctica permite extender el ciclo de vida de las baterías antes de su reciclaje, reducir la presión sobre la extracción de minerales críticos y disminuir los impactos ambientales asociados al ciclo de vida de la electromovilidad.
Además de las baterías provenientes de automóviles eléctricos, existen otras fuentes potenciales de módulos reutilizables, como scooters, bicicletas y motocicletas eléctricas, que amplían las oportunidades para el desarrollo de soluciones BESS con baterías de segunda vida.
Apostar por este tipo de esquemas no solo evita que activos con capacidad remanente se conviertan prematuramente en residuos, sino que también permite capturar valor económico y ambiental antes de su etapa final de reciclaje. En un contexto de transición energética acelerada, la segunda vida de las baterías se consolida como una alternativa viable para avanzar hacia un futuro más eficiente, responsable y alineado con los principios de la economía circular.