@onelortiz
Ante la decisión de las autoridades de reiniciar clases presenciales a finales de agosto, la propuesta es que sea en octubre.
México enfrenta la tercera ola de Covid-19. Una ola caracterizada por un ascenso agresivo en el número de infecciones, pero con un número proporcionalmente menor de hospitalizados y fallecidos, comparado con las dos olas anteriores. Un crecimiento rápido, representa también un descenso rápido. Sin embargo, hay factores que pueden alterar este comportamiento: desconfinamiento desordenado en la movilidad social y nuevas variantes del virus. La vacunación avanza notablemente, pero hay aspectos de riesgo, como que pasa mucho tiempo entre la primera y segunda dosis.
Ubicar la discusión en declarar o no a la educación como una actividad esencial no resulta relevante. Lo importante es tener una estrategia frente a la tercera ola.
El riesgo está en el desconfinamiento de por lo menos 25 millones de infantes, profesores y directivos que han estado fuera de circulación desde hace año y medio. Por meses se dijo, repitió y repitió, que las tres acciones más importantes de mitigación de la pandemia era la reducción de actividades laborales, recreativas y educativas. Las propias autoridades fijaron como criterio de regreso a clases el color verde en el semáforo epidemiológico. Por ejemplo, la UNAM mantiene ese criterio. ¿Qué ha cambiado? La autoridad debe explicar con mucho mayor amplitud dichos cambios y su estrategia.
Más allá de los colores del semáforo, la experiencia internacional, véase el caso de Inglaterra, el sentido común y hasta la física, indican que se debe desconfinar cuando los contagios van a la baja y confinar cuando van a la alta. México va a la alza aceleradamente. Si bien es complicado restringir las actividades reabiertas, sería un error permitir un aumento significativo en la movilidad social que podría potenciar el pico de contagios y mantenerlo arriba por lo que resta del año, con las consecuencias negativas que esto implica.
La propuesta es incrementar la velocidad de vacunación, particularmente de la segunda dosis, continuar rehabilitando escuelas; esperemos dos meses, que el pico de la tercer ola termine. Vayamos a la baja y entonces sí, iníciese el regreso ordenado a clases presenciales.
Necesitamos un comportamiento responsable y sensible de las autoridades educativas y sanitarias; así como, de los profesores y sus sindicatos. Lo más importante será la decisión de los padres de familia, nadie mejor que ellos para determinar si ya existen las condiciones para regresar a las aulas.
Coincidimos en la importancia del regreso a clases en el proceso educativo y de socialización. Pero dicho regreso debe darse con responsabilidad y a través de la puesta en marcha de una estrategia, no por decreto o por resultados de encuestas. El camino es así. Eso pienso yo, ¿usted que opina?