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@onelortiz
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La ratificación de Ernestina Godoy como fiscal general de la CDMX parece una misión imposible para los legisladores morenistas y se ha convertido en una piedra en el zapato de Martí Batres al frente del Gobierno capitalino.
El acuerdo no vuela porque la polarización y la campaña electoral en curso lo impiden. El gobierno capitalino se empeñó en ratificar a Ernestina Godoy como parte del proceso de continuidad de la cuarta transformación. Para la oposición impedir su ratificación es parte de su campaña electoral, una bandera, según ellos para demostrar el fracaso de la procuración de justicia. Guerra florida donde los únicos perdedores son los ciudadanos.
Las presiones vienen y van de ambos bandos; igual que las campañas en medios de comunicación y en las benditas redes sociales. Como si el horno estuviera para bollos. Guillermo Sheridan, quien intenta convertirse en el inquisidor de la honestidad académica de los morenistas, volvió a la carga con un artículo en donde afirmó que Ernestina Godoy plagió su tesis de licenciatura. Mientras que policías de investigación de la capital capturaron a Armando Tonatiuh, ex coordinador del PRI en la CDMX, lo que fue denunciado como una medida de intimidación de la fiscalía.
Este lunes el aire se podrá cortar con navaja en la calle de Donceles, cuando el Congreso de la CDMX sesione. Si Godoy es ratificada permanecerá en el cargo hasta 2028. De lo contrario, se designará a un encargado del despacho y los diputados iniciarían el proceso para la elección del nuevo fiscal, con exactamente el mismo problema: a Morena y aliados le faltan cinco votos para nombrar por si solos al nuevo titular.
Por el contexto político fue imposible realizar una valoración objetiva del desempeño de Ernestina Godoy y en consecuencia definir su permanencia o no. Evaluar con datos y cabeza fría temas como el combate al cártel inmobiliario, el siniestro a la Línea 12, la lucha en contra de la corrupción y a otros grandes problemas de la procuración de justicia.
Es tal la polarización que no sería difícil que un encargado de despacho estuviera al frente de la fiscalía hasta la nueva legislatura con las inherentes consecuencias en el detrimento de la procuración de justicia para los capitalinos. Por muy eficaz que sea un encargado de despacho, nunca tendrá la fuerza y legitimidad de un fiscal designado por dos tercios de los integrantes del poder legislativo.
Todo es política o mejor dicho politiquería. Los capitalinos merecemos una mejor procuración de justicia. Los más felices con la falta de acuerdo son los delincuentes, corruptos y mafiosos. Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce.
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