Todo árbitro, en el poder judicial, en el ámbito electoral y en cualquier deporte está obligado a ser imparcial, no puede ni debe tomar partido por ninguna de las partes, tampoco exhibir sus preferencias.
¿Se imaginan que un árbitro de futbol declare en medios o en redes sociales que su equipo favorito es el América y que se tome fotos en la zona destinada a la porra de las Águilas en los estadios?
Cuando sea árbitro de un juego del América contra las Chivas de Guadalajara o cualquier otro equipo, en el momento en que haya dudas sobre si un jugador estaba o no en fuera de lugar o si la pelota rebasó la línea de gol o si fue correcto sacar la tarjeta roja al que apreció excedido en su fuerza contra americanista, va a estar complicado que le crean o convenza a los aficionados de ser imparcial.
Incluso, al ir a revisar el video y la repetición de la jugada en el famoso “VAR”, si la imagen no es del todo convincente ni clara, el arbitro podría tomar una decisión favorable a su equipo preferido. Es el riesgo de exhibir juicios de valor en medios y redes sociales.
Por eso, el árbitro de futbol, por ética, por cumplimiento de reglamento, no puede ni debe hacer público su preferencia deportiva.
Hasta ahora, ningún árbitro ha cometido esa falta. Sería motivo de escándalo y seguro perdería su gafete de juez.
De cualquier manera, no se salvan de ser cuestionados y en particular cuando se trata del América. Jugada o gol dudoso a favor de las Águilas, llega a servir de pretexto al entrenador del equipo contrario para tratar de justificar la derrota. Vieja historia desgastada, porque la verdad es que el arbitraje mexicano tiene más que probada su imparcialidad.
Pueden equivocarse, porque no dejan de ser humanos. El error es la excepción, no la regla; se fomenta el juego limpio.
Hay otras actividades en México que también exigen imparcialidad. Por muchos años en materia electoral no fue lo que distinguía a la autoridad, porque el gobierno actuaba como juez y parte. El secretario de Gobernación fungía como presidente de la comisión encargada de organizar elecciones.
La imparcialidad empezó a florecer a partir del nacimiento del Instituto Federal Electoral (IFE), ahora Instituto Nacional Electoral (INE). La alternancia en el poder no se entendería sin la existencia del IFE e INE. No es árbitro perfecto, en ocasiones sus resoluciones dejan dudas y sospechas de preferencias partidistas. Todavía puede mejorar.
Los consejeros electorales usan redes sociales. Sus mensajes procuran neutralidad, sin pronunciarse a favor de ningún partido, aunque no se salvan de ser cuestionados. Quizás es el precio que les corresponde pagar como árbitro. Igual sucede en el futbol, los derrotados buscan al presunto culpable de su fracaso.
En el terreno del poder judicial, por mucho tiempo juzgadores evitaron hacer juicios de valor en público. Hoy es distinto, quienes están en redes sociales opinan sobre diferentes temas y llegan a simpatizar con movimientos sociales.
¿Cómo actuarían cuando emitan veredicto donde esté involucrado el movimiento social al que apoyan o el personaje al que han criticado?
Harían bien juzgadores en revisar la neutralidad de sus mensajes en medios y redes sociales o asegurarse de que no contaminen resoluciones, porque podrían ser acusados de parcialidad.
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