Al escuchar la palabra seguridad, regularmente la asociamos con policías, patrullas, sistema judicial y prisiones, pero para cambiar la dinámica de inseguridad que vivimos debemos visualizarla como un concepto que se interconecta con muchas más cosas. Aquí un par de ejemplos.
Imagínese que se crea un nuevo fraccionamiento a las afueras de su ciudad y todas las autoridades municipales participaron en su aprobación, con excepción del director de la policía local. ¿Creen que su opinión para la nueva urbanización es/era importante?
La respuesta es sí, porque al tener más metros cuadrados que supervisar, las corporaciones policiales necesitan administrar mejor sus recursos humanos y materiales para poder reaccionar oportunamente.
También es importante que las policías sepan de las nuevas urbanizaciones, para que sus bases de datos estén actualizadas de los centros de atención de llamadas de emergencia del 911 y denuncia anónima 089. Sin embargo, esta actualización se complica porque la mayoría de los asentamientos humanos son irregulares, tolerados o promovidos por grupos de presión controlados por los políticos locales a cambio de votos y movilizaciones. No es casual que la mayoría de los lugares en donde aparecen personas ejecutadas son zonas con servicios urbanos limitados o inexistentes.
Por otra parte, al pensar en los espacios públicos, las películas de la época del cine de oro en México nos dan una idea de su anterior ocupación: las personas vendedoras de elotes, tamales, globos o dulces ocupando el mínimo espacio posible, para retirarse después de concluir su venta. Hoy, regularmente tenemos los puestos fijos o semifijos del comercio ambulante, muchas veces organizado marcialmente, convertidos en el músculo político de autoridades y fuente inacabada de dinero en efectivo. Un ejemplo de ello son las estaciones de Metro: prácticamente no hay estación que no esté cooptada por el comercio ambulante.
Por ejemplo, la alcaldía Cuauhtémoc ha sido gobernada formalmente los últimos 25 años por casi todos los partidos políticos que conocemos (PRI-PAN-PRD-MORENA), pero el verdadero poder político lo han tenido las organizaciones de comercio informal. ¿Sabemos a quiénes pagan y cuánto pagan por ocupar el espacio público? ¿Conocemos el origen de toda la mercancía que se comercializa? Hace 30 años, la comercialización de la fayuca se concentraba en Tepito, hoy la realidad es otra.
Al hablar del reciclaje, quienes habitamos la CDMX irremediablemente somos aturdidos cotidianamente con el chillante altavoz del fierro viejo. Es común ver que estos vehículos no tengan placas, que circulan los siete días a la semana y al menos 10 horas al día. ¿Por qué muchos de sus vehículos pueden circular sin placas o sin engomados de verificación? ¿Por qué las decenas de leyes administrativas que tenemos, como lo es la del reciclaje, son letra muerta en la realidad?
Repensar la seguridad necesariamente pasa por cambiar nuestra relación con los gobiernos locales y su laxitud o tolerancia para enriquecerse con la apropiación de terrenos y espacios públicos. Nuestra seguridad no mejorará con nuevas patrullas.