Hace años encontré una idea que se me quedó grabada: “suspende tu creencia”. No significa renunciar a nuestras convicciones ni vivir instalados en la incertidumbre. Significa algo más exigente: conservar, junto a aquello que damos por cierto, un pequeño margen de duda razonable.
En econometría, la letra “u” suele representar el término de error: aquello que el modelo no explica por completo. Me gusta pensar que también podríamos colocar una pequeña “u” junto a algunas de nuestras certezas. Una señal que nos recuerde: creo que esto es así, pero ¿y si no lo fuera?
Muchas de las ideas que orientan nuestra vida nunca han sido verdaderamente examinadas. Las aprendimos, las heredamos, las repetimos y, con el tiempo, dejaron de parecernos creencias. Se convirtieron simplemente en “la manera en que son las cosas”.
“Yo soy así”. “Las cosas se hacen de esta manera”. “Si me tratas bien, te trato bien”. “Quien quiere, puede”. “Si me ama, hará esto”. Pero ¿por qué tendría que ser necesariamente así?
El problema no es tener convicciones. Necesitamos algunas para decidir y actuar. El problema aparece cuando dejamos de recordar que siguen siendo susceptibles de revisión.
Una creencia puede haber tenido sentido en cierto momento y dejar de tenerlo después. Una respuesta puede haber sido útil bajo determinadas circunstancias y convertirse, años más tarde, en una repetición automática. A veces seguimos resolviendo problemas que ya no existen o reaccionando ante condiciones que cambiaron hace mucho.
Por eso la letra “u” puede convertirse en una práctica de conciencia: ¿de dónde viene esta idea?, ¿por qué la considero verdadera?, ¿sigue teniendo sentido?, ¿qué no estoy viendo porque ya di este asunto por resuelto?
Y todavía hay una pregunta más inquietante: ¿cómo viviría si descubriera que aquello que sostiene algunas de mis decisiones no era cierto?
Suspender una creencia no consiste únicamente en pensar distinto. Puede abrir también la posibilidad de actuar distinto. Si una manera de responder nos conduce una y otra vez al mismo resultado, quizá valga la pena ensayar otra.
Hay una regla sencilla que resume esta actitud: si tu intuición siempre te lleva al mismo error, prueba por un momento a no obedecerla.
No siempre podemos cambiar lo que ocurre a nuestro alrededor. Pero sí podemos revisar nuestras interpretaciones, nuestras respuestas y nuestras decisiones. Esa revisión puede modificar nuestras relaciones, nuestras prioridades y hasta la historia que nos contamos sobre quiénes somos y sobre aquello que creemos posible para nosotros y la vida que elegimos.
Tal vez la duda razonable no debilite nuestras certezas. Tal vez las haga más conscientes.
Flor de Loto: Pon una pequeña u junto a cada idea. Puede ser el espacio necesario para mirar hacia donde nunca habías mirado y descubrir algo que quizá todavía no habías podido ver.