facebook comscore
Salgamos del virreinato

Salgamos del virreinato

Columnas viernes 05 de junio de 2020 - 00:53

La reapertura económica sin duda debe acontecer. El riesgo de un colapso mayor del sistema se cierne como la navaja de una guillotina que se nos aproxima conforme pasan los días. Ninguna decisión fácil, por parte del gobierno mexicano —o de cualquier otro—, para tomar una determinación que quede libre de riesgo.
La decisión política no es un hecho incontrovertible, en sí misma lleva el germen de la fortuna y del conflicto. Los hechos son tan cambiantes e imprecisos, que, por ejemplo, nadie imaginaba a principios del presente año, que estaríamos hacinados, esperando el fin de un desesperado confinamiento sanitario que golpearía a las economías globales, haciendo patente su fragilidad; sin embargo, la determinación debe de darse con prudencia y valor, para evitar que los beneficios de una reapertura, sean opacados por un reavivamiento de los contagios, nuevamente golpeando a una sociedad dolida que no puede permitirse recaer en cuarentena.
En todo este proceso, solamente una ciudadanía responsable puede evitar que los riesgos reaviven. Atender cuestiones de higiene básicas, no es una cuestión particular, sino un claro ejemplo de alteridad, de inclusión del “otro” comprendido como fin en sí mismo; como criatura portadora de dignidad, que no puede ser dañada por la irresponsabilidad de los congéneres. Respetar la distancia señalada; lavarse las manos; el uso del cubrebocas y evitar aglomeraciones, pueden ser indicaciones —salvo la última, en las grandes ciudades—, relativamente fáciles de cumplir, y en las que la autoridad del gobierno no tiene nada que ver, por apelar exclusivamente a la voluntad de los ciudadanos.
Durante siglos, en la sociedad mexicana —y en sí, latinoamericana—, los distingos de castas no solamente diferenciaron razas y clases en las sociedades virreinales, sino también responsabilidades. Mientras que un grupo debía de cumplir con determinados deberes, a otros se les exculpaba. Cuando tribunales de peninsulares o criollos sólo los juzgaban a ellos, a las comunidades nativas los juzgaban sus propios magistrados. Las castas quedaron tan arraigadas en las costumbres, que el sentido de unidad social que conocemos como ciudadanía, siempre quedó como un mero deseo teórico, radicado en la mente de filósofos, contrastante con una realidad de desorganización, irresponsabilidad y permisibilidad que no ha podido ser erradicada de la cotidianidad de nuestras sociedades.
La noción moderna de ciudadanía, de sustrato ilustrado, apela a la eliminación de distingos de cualquier tipo y a la responsabilidad común que se manifiesta en los más básicos hechos cotidianos. La ciudadanía no permite que unos quieran someterse a las reglas, y otros se amontonen en los espacios públicos como horda polutiva, incapaz de reconocerse en los otros, nuestros iguales. Todo ciudadano carga con la responsabilidad del éxito de la reapertura social y finalmente trascender esa herencia virreinal incompatible con la modernidad y con la supervivencia.

Envie un mensaje al numero 55-12-88-20-96 por WhatsApp con la palabra SUSCRIBIR para recibir las noticias más importantes.

/CR

Etiquetas


Notas Relacionadas
Un protocolo que olvida la privacidad Columnas
2020-07-15 - 01:01
ES TIEMPO Columnas
2020-07-15 - 00:50
La pandemia contra empresas Columnas
2020-07-15 - 00:45
Madruguete ¿eficiencia o simulación? Columnas
2020-07-15 - 00:44
MONSIVÁIS Y LA TRANSFORMACIÓN POLÍTICA Columnas
2020-07-15 - 00:43
Respuesta pendiente Columnas
2020-07-15 - 00:40
+ -