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Tanatopolítica

Tanatopolítica

Columnas martes 25 de febrero de 2020 - 01:51

Hoy se cree que el bien común es una fantasía burguesa. No debería serlo. Si un gobierno específico falla en la defensa del bien colectivo, o en la defensa del interés de todos sus ciudadanos, es un problema de eficacia; debería poner en tela de juicio la aptitud de la clase gobernante, y no la existencia del bien común. Sin embargo, esto es lo que termina sucediendo. Con lo que la sociedad se queda, después del desencanto, es con la convicción de que lo que vale la pena defender (lo único que realmente existe) son los intereses personales o, en el mejor de los casos, los intereses de grupo. Y todos pertenecemos a distintos grupos, que bien organizados pueden presentar una agenda pública con demandas legítimas. Desde ciudadanos afectados por la inseguridad, hasta consumidores, pasando por fumadores pasivos, nuestros distintos roles nos hacen titulares de derechos, o víctimas de una violación a los mismos.
El problema es que, en un espacio público donde se niega el interés público, a secas, la defensa de un derecho se vuelve tan eficaz como el poder económico que lo defiende, la capacidad de organización del grupo, o la resonancia arbitraria que tenga en ese entramado de ocio virulento que es hoy “la opinión pública”. Seguro se ve hacia donde voy. Existen grupos y personas en situación de extrema vulnerabilidad, cuyas causas son legítimas, urgentes y francamente humanitarias, cuyas voces son minimizadas o silenciadas por falta de megáfono o costos logísticos.
Pienso en el bloqueo que hubo en Paseo de la Reforma el viernes pasado, y que casualmente me agarró en esa zona. Los comensales en el restaurante estaban irritados porque llegaron tarde, o porque otros no llegaron. Las redes y el radio hablaban de “un bloqueo por manifestantes” o de “sigue tomado reforma, por lo que recomendamos otras alternativas”. No se decía, o sólo se decía de pasada, que los protagonistas eran personas VIH positivo que requieren de un tratamiento diario, de por vida, para seguir vivos. Es decir, no son personas “enfermas”, sino seres humanos que requieren un tratamiento diario, que existe y puede ser brindado, para seguir viviendo. Si el medicamento “no llega” o “no se compró por que está caro”, se está incurriendo en un homicidio sistémico por parte de la sociedad entera. Akhil Gupta le llama “tanatopolítica”. Dejar que la gente muera, pudiendo evitarlo, por razones de oportunidad o falta de rentabilidad política. El gobierno, los medios y los ciudadanos de a pie, redujeron la desesperación de estas personas, a las que se está condenando a muerte, a un tema de hartazgo vial en un día caluroso. Todos.

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/CR

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